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fuego amigo ernesto escapa
León

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Una tribuna del lunes 16, firmada por el profesor congostino en Estados Unidos Eugenio G. Núñez, evocaba los sesenta años de la visita al Bierzo del ministro Solís Ruiz, en mayo de 1956, para inaugurar una nueva fase del coto minero Vivaldi, y la presencia en el pueblo del ingeniero alemán Federico Günter Honingmann Kirdof. Aquel año el coto Vivaldi exportó 365.000 toneladas de hierro a Alemania. Faltaba un lustro para que Franco se apeara a inaugurar el embalse de Bárcena. La peña de Congosto es un montículo que emerge en la planicie del Bierzo. Es la última estribación de la Sierra Gistredo, que divide las aguas del Sil y del Boeza.

Cuando las nubes no cubren su cima, como evoca el poema berciano de Luis López Álvarez, se convierte en la mejor atalaya de la comarca. La tradición sitúa en su cumbre la aparición de una de las siete vírgenes del Bierzo y efectivamente en su cima descuella el santuario de la Peña. La imagen actual se adorna con una corona dorada que semeja un girasol, desmedida para su talla. Aparecida a un pastorcito medieval en la cumbre del picacho, el infeliz la bajó al pueblo, donde suponía que iba a estar mejor cuidada y más cómoda. Pero a la aparecida le gustaban los vientos y cada noche se marchaba de la iglesia del pueblo a lo alto del monte. Hasta que los de Congosto, que en este trance se mostraron duros de mollera, entendieron que pedía era una ermita en la cima de la peña.

Congosto es un pueblo hermoso, de rincones apacibles llenos de sabor. La antesala de las eras ofrece el primer deslumbramiento ante la peña. Aunque vierte aguas al Boeza, Congosto asoma al embalse de Bárcena, en el Sil. Pero no es lugar para entablar una disputa de cuencas la patria de Álvaro de Mendaña, descubridor de parajes tan exóticos y lejanos como las islas Marquesas y Salomón, allá por el dieciséis. Son Las islas de la imprudencia, de Robert Graves, que novela su aventura. Queda la granja de los frailes de la peña, que aquí labraban sus habichuelas.

Hasta el santuario, que se eleva sobre uno de los miradores más aupados del Bierzo, se sube por una carreterita de montaña, que recorre dos kilómetros en lazo desde Congosto. Comparten el balcón de la peña el santuario, un hotel y el restaurante que ocupa el chalet del alemán Federico Honigmann. La iglesia ardió en julio de 1936 y fue reconstruida por el ingeniero alemán en 1957, quien además aprovechó el tirón para hacerse en el mejor lugar una réplica del nido de águilas de Hitler en Berchtesgaden. Seguro en este resguardo, don Federico aprovechó los cotos Wagner y Vivaldi, que monopolizaron las explotaciones de hierro bercianas durante la posguerra. De camino hacia San Miguel de las Dueñas, se aprecian los desguaces del coto Vivaldi.

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