El centro de Silván
Va a saltar sobre este asunto como un perdiguero sobre una codorniz herida, lo estoy viendo mientras me saluda desde la distancia y se acerca a mí con la lenta parsimonia de los depredadores que están en la cima de la cadena trófica. Y lo veo normal: no se habla de otra cosa, el asunto da mucho juego y las ocurrencias del alcalde Silván, que ya comienza a erigirse peligrosamente como tendencia en la red social de los bares, cada vez parecen menos ocurrencias y más el reflejo de una extraña manera de razonar. La mayoría, por cierto, no se sabe muy bien por qué, relacionadas siempre con asuntos aproximadamente culturales. Ya lo decía Baruch Spinoza, al que leo citado en el diario «Pasos en la niebla» de José Luna Borge: «En el gobierno democrático, todos se obligan con su pacto a obrar según la voluntad común, pero no a juzgar ni a pensar de ese modo».
Platón, más tranquilo que nunca, entra al trapo con suavidad. Pretender llevar en su momento el conservatorio a los locales vacíos del estadio de fútbol Reino de León, a orillas del Bernesga, a una zona apenas urbanizada y comunicada, no sólo es que no le pareciera raro sino que lo consideró lógico. «La genialidad de Silván, los capitalinos no sabéis apreciarla. Es un incomprendido. Alcanzasteis que quería trasladarlo a las afueras pero no visteis más allá. Su objetivo oculto es vaciar el centro». Y en esa línea de razonamiento, dice, está su nueva iniciativa: peatonalizar Ordoño, remozando aceras y restringiendo la circulación al ciudadano motorizado. «Los costes no importan», continúa, «el nuevo centro de la ciudad, el que agrada al ayuntamiento, es el erigido en torno al Corte Inglés, que se ha impuesto a Eras. Esta operación comenzó con la clausura del Teatro Emperador, con el traslado provisional del ayuntamiento a ese Ordoño que ahora se cerrará al tráfico, con el cerrojazo del Palacio de Gaudí por incomparecencia de CajaEspaña». Platón, a quien tocan los extremos, levemente conspiranoico, concluye: «Hay quien cree que el reto de Silván es suceder a Herrera, pero ya os iréis dando cuenta de que realmente es convertir León en un escenario teatral perfecto, digno de grandes espectáculos para el turismo. ¿No va de eso también lo de la Plaza del Grano?».