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HOJAS DE CHOPO ALFONSO GARCÍA
León

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L a memoria es con frecuencia un dolor inevitable. Alguien dijo que el mayor inconveniente de hacerse mayor es la conciencia de haber sido joven. Muchas de las ilusiones de entonces fueron colectivas, no pocas enraizadas en la fermentación literaria y cultural que vivió León en la década de los setenta del pasado siglo. Después de encuentros, conversaciones, recitales…, a principios de 1978 nace la revista Alcance. «Un grupo de escritores –leemos en la apertura de su cuenta personal- «han conjuntado el interés común por la poesía para hacer posible esta publicación», cuyo contexto ha de entenderse en la tradición leonesa de las revistas literarias. Uno de los nombres que pilotaba aquella nueva y gozosa aventura fue Ángel García Aller. El próximo viernes, día 17, se cumplen veinte años de su muerte, en plena juventud vital y creadora. Son versos suyos: «… marchamos de nuevo con el aire,/con el vuelo más alto de la nada,/a la última región del desencanto». Estas líneas arrastran la evocación desde el recuerdo para seguir alimentando la fuerza de la memoria colectiva.

Natural de San Martín del Camino, estudió Filología Hispánica en Oviedo. Y después León se convirtió no solo en la geografía de sus sueños, sino en el eje sobre el que pivotó su vida familiar y profesional, esencialmente vinculada a la enseñanza. Profundo conocedor de la literatura, con especial atención a los últimos nombres de la española, enriqueció sus clases con constantes provocaciones lectoras, con la creación de premios y la presencia de escritores en sus aulas. Curiosidades de la vida, esta cercanía se incrementó con la actividad deportiva, especialmente del tenis de mesa, modalidad en la que llegó a ser árbitro internacional, con presencia en las Olimpiadas de Barcelona.

A la actividad de creador en constante ejercicio sumó la de traductor, con un notable elenco de títulos. El dominio del lenguaje, el rigor del que siempre hizo gala, la entrega sin límites a los proyectos que siempre traía entre manos pusieron en su horizonte un afán perfeccionista y una dedicación ejemplar. Intentar someter todo ello a los límites de esta columna es tarea imposible. José Enrique Martínez, la inteligencia siempre atenta, dejó las claves para un seguimiento en el libro Desde la Ausencia. Ángel García Aller, poeta (Estudio y Antología ). La única clave de estas líneas es el reconocimiento y el fulgor de la amistad que siempre mantuvo viva. Es el mejor recuerdo.

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