Diario de León
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AL TRASLUZ. EDUARDO AGUIRRE
León

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En Valderas se vende un castillo por mil euros. Menos mal que don Mendo, quien era leonés, hace mucho que está tocando el laúd. Porque estas son la clase de noticias que le sacaban el pronto. «¡Haberse vengado uno para esto!», exclamaría. Del edificio sólo quedan cuatro lonchinas. Aún así, su presencia embellece el paisaje; un toro de Osborne, pero sin cuernos. Sin grandes esfuerzos podemos imaginar a un vigía, lanza en mano, preguntarle al compañero de guardia cómo quedó la Cultural. Don Quijote, leonés secreto, según algunos cervantistas, las ventas del camino las creyó castillos. Al caballero andante tampoco le habría parecido muy ortodoxa la estrategia de venta del propietario. En su anuncio afirma: «Regalo torre de castillo», y luego ya en la letra pequeña se especifica que se pide el precio «simbólico» de 1.000 euros y siempre que el interesado se comprometa a correr con los gastos de restauración de las dos existentes, «una de ellas sería para mí, la otra para quien lo adquiera». Toma del frasco. Al parecer, entre las personas que se han interesado por el anuncio hay un español residente en China. Ah, la morriña. La muralla de los chinos cansa, de tan larga. En cambio, la de Valderas se recorre en un suspiro, pues parece un puzzle al que el viento le hubiese esparcido la mayor parte de las piezas. Tiene la belleza del eco.

Hoy los herederos no quieren recibir torreones, cuyo mantenimiento les cuesta un cantar de gesta, sino un chalé en Sotogrande. Prefieren heredar el oso disecado que cazó a mordiscos el ilustre antepasado. Al menos, colocado en el recibidor, sirve de perchero y, si tercia, para espantar a las visitas. Además, si hay que venderlo qué menos que pedir 1.300 eurazos por el bicho. ¡Si se diría que aún ruge!

Pero más allá de herencias envenenadas, es decir, que se prefiera recibir el plantígrado que cuatro lonchas de castillo, este de Valderas es un Bien de Interés Cultural (BIC). Hay legislación que fija con claridad las obligaciones de mantenimiento del propietario, aunque entiendo que no resulte fácil ni barato. Sí, don Mendo y don Quijote estarían muy indignados con la noticia. Pero los muertos no compran torreones, prefieren habitarlos como okupas.

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