Tiempos revueltos
L a única noticia que sirve para calmar un poco los nervios y para mirar a la realidad sin cristales ahumados por el interés de cada uno es el crecimiento del empleo que se ha registrado en el mes de junio y el incremento de la afiliación a la Seguridad Social.
Son buenos datos que reflejan que la sociedad española sigue trabajando y creyendo en sus propias posibilidades frente a la parálisis que algunos políticos y sus partidos llevan planteando al normal desarrollo y acatamiento de unos resultados electorales.
Sobre todo, después de haber obligado a los ciudadanos a una segunda consulta que ha resultado mucho más clara y convincente sobre el deseo de una mayoría más que notable sobre la necesidad de alcanzar un Gobierno estable.
Atrincherarse en que los números estrictos de posibles pactos se quedan a un escaño o poco más de la mayoría absoluta necesaria para la investidura del nuevo presidente y la formación de su Gabinete y que su ideología no permite un gran acuerdo de Gobierno o una abstención que dé luz verde al nuevo Ejecutivo es demostrar una cortedad de miras políticas muy preocupante, además de una división interna en el partido socialista que sólo puede agrandar su ya grave crisis interna y de apoyos electorales por parte de los ciudadanos.
En estos momentos es cuando se demuestra la altura de miras y la categoría política.
Podemos asumir que las negociaciones sean discretas, pero lo que está claro es que hay cuestiones de Estado que deben prevalecer por encima de intereses personales y partidistas coyunturales.
Los ciudadanos han dado un voto de confianza más o menos claro a la opción de continuidad de un Gobierno con Mariano Rajoy al frente y de un estricto consenso y control de otros posibles compañeros de viaje como puede ser el cqaso de Ciudadanos y, sin duda, también el PSOE.
Con el granito relevante de Coalición Canaria e, incluso, del Partido Nacionalista Vasco. España necesita conseguir estabilidad y certidumbre para seguir creciendo y mejorar el empleo que se crea, y esa es tarea de todos cuando Europa se enfrenta a una crisis muy grave por la irresponsabilidad con la que ha actuado el premier británico David Cameron con su ‘brexit’, y por los populismos de ultraderecha.