TRIBUNA

Medio Ambiente y la incineración de cadáveres

Publicado por
JOSÉ ANTONIO IZQUIERDO PRIMO INGENIERO AGRÓNOMO
León

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C reo recordar que en el año 2000, tuvimos el triste suceso de la enfermedad conocida como de las ‘vacas locas’, conocida desde la antigüedad y descrita por Columela.

Se trata de una enfermedad metabólica, producida por una acumulación de «priones» en el cerebro, no es contagiosa entre las vacas, ni a otros animales y por supuesto tampoco a los humanos.

La ignorancia de las autoridades ¡europeas!, y por supuesto de las españolas, más ignorantes aún, aconsejadas por supuestos especialistas, decidieron que debían quemarse todos los cadáveres del ganado doméstico, no se por qué no, los de la fauna silvestre, supongo que por tener que pagar la cremación con cargo al presupuesto; alguien puede aducir que los cadáveres de la fauna silvestre no se sabe donde están, pero yo conozco el caso de una oveja que en un puerto de León se despeñó y se mató, el pastor, con muy, pero que muy buen criterio, la dejó para que la comieran los buitres, que últimamente pasan mucho hambre; el cadáver fue localizado por agentes del Seprona, que se presentaron en el puerto y le obligaron a dar parte a Agroseguro para que retirara los despojos y se incineraran.

No hace falta ser muy avispado para deducir que (si se puede localizar el cadáver de una oveja), si en vez de una oveja hubiera sido un corzo, un rebeco o un jabalí, los agentes del Seprona también le hubieran localizado y para todos los que localizan deberían llamar al Jefe del Servicio de Medio Ambiente para que hiciera lo mismo que se exigió al pastor de este caso.

Es evidente que si los animales silvestres no tienen que ser incinerados, lo cual es totalmente lógico (lo lógico es lo inteligente), tampoco hay necesidad de incinerar los domésticos; desde el punto de vista sanitario es mucho más lógico incinerar los cadáveres humanos, al menos los fallecidos a causa de enfermedades infecciosas, que los de las vacas y ovejas.

La eliminación de los cadáveres por métodos no naturales está provocando que las poblaciones de buitres, alimoches y quebrantahuesos hayan disminuido de forma alarmante. Por otra parte, al no tener cadáveres, los buitres están atacando a los animales domésticos vivos, evolucionando de carroñeros a depredadores; en cuanto ven un animal acostado se precipitan sobre él y si se trata de una vaca que está pariendo, (los ecologistas y otros indocumentados dirían ‘dando a luz’, más luces es lo que necesitan ellos), no dudan en comerse al ternero y comenzar a comer a la vaca.

Por cierto, quiero hacer un inciso para comentar lo absurdo que es, esto del embarazo de las vacas y el dar a luz de las conejas, pues lo veo a diario en las traducciones al castellano de reportajes sobre la naturaleza, hablar de cebras o de hipopótamos hembra embarazadas o de gacelas dando a luz; en una ocasión en la que varias personas estaban comentando algo relacionado con esto, hablaban de hembras embarazadas y un niño que las estaba oyendo, saltó diciendo: «pues nosotros tenemos una gata preñada»; utilizar el eufemismo de embarazo para los animales es estúpido, pues incluso los niños nacen en los paritorios y no en los ¿alucitatorios?

El 14 de diciembre de 2000, en la sección de Opinión del Diario de León, salía publicado un artículo en el que ya advertía de lo estúpido que era alarmar a la población por el consumo de carne de vacas, ovejas y cabras afectadas de la «tembladera», nombre vulgar de la divulgada como de las ‘vacas locas’, los locos son los que no tienen ni idea de biología, ni zootecnia ni de ganadería; ¡hasta cuando con esta estupidez!; ya lo dijo Albert Einstein : «dos cosas son infinitas el Universo y la estupidez humana, y no estoy seguro sobre el Universo».

Todos los ciudadanos deben saber que esta medida absurda de incinerar los animales domésticos, (hay que incinerar hasta los conejos reproductores que se sacrifican al final del ciclo reproductivo), no sólo es innecesaria, es contraria a la conservación del Medio Ambiente, pues las enfermedades que se pueden contagiar de los animales domésticos al hombre son muy pocas y afortunadamente están casi erradicadas en Europa, por lo que lo inteligente es volver a las buenas costumbres que había con anterioridad al año 2000, cuando en todos los pueblos había un «muladar» al que se llevaban los animales muertos, los cuales servían de alimento a los carroñeros: buitres, alimoches. quebrantahuesos, córvidos e incluso zorros y lobos; por cierto la primera vez que pude observar un lobo de cerca, fue comiendo de cadáver de un caballo.

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Espero que este escrito lo pueda leer algún político inteligente, si le hubiera, y se acabe con este negocio tan lucrativo para algunos y tan perjudicial para los ganaderos y para el Medio Ambiente.