Publicado por
Juan Carlos Francos
León

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Por menos la pérfida Albión ha dicho good bye. No ha hecho falta que les toquen ni la fiesta de los zorros, ni los fish and chips, ni que les faltaran a la reina madre.... Se han liado el brexit a la cabeza y portazo que te crió. Está por ver si desde esta UE, que a los menesterosos nos lo pone tan cuesta arriba, no le va a temblar el pulso a la hora de negociar con los que nos miran a los pobres del sur por encima del hombro. Por el momento, lo de Gibraltar se queda como está y lo de que Magaluf sea colonia británica en la que dar rienda suelta a sus más bajos instintos, según apunta en algunos círculos, también podría entrar en las negociaciones (total para el apego que nos tienen en Bruselas, seguro que sería una pieza a sacrificar sin demasiado duelo). Pero bueno, a lo que iba. Que si por un quítame de aquí unos inmigrantes han dado carpetazo a Europa, a esta comarca nuestra no le faltarán argumentos para romper el cordón umbilical que nos une con un territorio desde el que, más que alimentarnos, parece que nos estrangula y marcarse un bierxit. Nos asfixia con su pasividad ante la aniquilación de nuestro sector productivo. Nos consume con su indolencia ante la fuga de nuestras principales empresas —rumbo a Canadá, con primera parada en la comunidad gallega, se ha ido uno de esos gigantes que surgieron aquí y a los que pronto las fronteras comarcales se les quedaron pequeñas, sin que ninguno de nuestros representantes haya dicho ni esta boca es mía—. Nos quema su autocomplacencia con el status quo actual —solo hay que echar un vistazo para ver que los discursos permanecen, tras 25 años de camino hacia ninguna parte, encallados en el tradicional y cansino «ahora le toca a otros»—. Nos duele que ignoren a esta comarca de extrarradio. Y por doler, nos duele hasta el alma. Ese sentir berciano que alguno siente herido por determinados comportamientos —tanto por acción como por omisión— que han tenido para con nosotros en estos días que los políticos han estado celebrando nuestra diada. Al final parece que todos se quieren empeñar en darle la razón a ese expresidente que afirma que, tras un cuarto de siglo de tiempo desperdiciado para llegar a donde estamos, mejor desaparecer. Mejor no tener nada que tener ese caramelo que solo calma algunas conciencias y llena muchas bocas. Les salva que la calle hace tiempo que murió.

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