León

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Ayer se cumplieron 80 años del comienzo de la guerra civil española. ¿Fue hace mucho, poco o regular? El paso del tiempo no lo mide igual la víctima que el verdugo. Nunca he estado de acuerdo con quienes esgrimen que la Transición hizo mal al aparcar todo lo referente a la guerra civil. Quienes jamás han gobernado o no lo han hecho en situaciones difíciles tienden a subestimar el mérito de aquella etapa. La Transición fue un paréntesis necesario, como en cualquier negociación las partes han de ceder para alcanzar acuerdos. Los pecados de los antepasados no se heredan en los genes, salvo quienes quieren heredarlos, y además lamentan que a su abuelo se le escapase vivo Azaña. En efecto, aquel horror, aquella vergüenza nacional que fue la guerra civil ¿ocurrió hace mucho o hace poco? Tiene varias respuestas. Uno tiene ya la edad suficiente para saber que la única forma de salir de un callejón sin salida es no metiéndote en él.

Basta echar un vistazo a la lista de represaliados en la ciudad de León para comprender que se buscó aterrorizar mediante la ejecución de personalidades republicanas y de la izquierda, todas inocentes. No es cierto que el golpe fuese una reacción al caos republicano, aunque lo hubiese en no pocos e importantes aspectos. Fue un siniestro quítate tú para ponerme yo. Y aquel largo ayer duró 40 años. ¿Ocurrió hace mucho, poco o regular? Depende a quién le preguntes. ¿Acaso no sería aberración ética afirmar que el terrorismo etarra hace mucho que no mata?

¿Quién tiene el derecho de dictar cuánto dura el dolor ajeno? Nadie. Sí, la Transición fue uno de los grandes logros de nuestra historia reciente. Pero no significa que no haya que volver sobre algunas decisiones, si dejaron problemas sin resolver. La solución no es un olvido impuesto por decreto. Hágase todo con la inteligencia y patriotismo que demostraron aquellos políticos y sindicalistas, pese a sus defectos. En todo lo referente a la guerra civil ha de primarse el respeto a las víctimas, la voluntad de reparar injusticias y de proclamar verdades distorsionadas, el deseo de ser ecuánime... única forma de que el largo ayer que nos bloquea no sea eterno, y de que perdonar no sea nuestro verbo imposible.

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