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AQUÍ TE ESPERO. CAMINO GALLEGO
León

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En mi infancia escuchaba a menudo que León era una ciudad de tenderos. Lo cierto es que hasta el final del siglo pasado eso fue a grandes rasgos esta capital, con las excepciones de algunos sectores industriales como el químico-farmacéutico y el del vidrio, que amén del oleaginoso recalaron por aquí sin venir mucho a cuento y se les toleraba, e incluso se presumía de ellos. Pero en el fondo, lo que primaba era el ‘industrial’ que tenía un pequeño negocio familiar.

Pero con el nuevo siglo se ha desarrollado hasta límites insospechados otro sector industrial: la hostelería. Y así, aunque de siempre se dijo que aquí había muchas más tabernas que librerías, lo cierto es que no eran tantas. Pero eso ya no se puede asegurar, porque ahora es casi lo único que queda, bares y más bares (cafeterías, como tales hay pocas) en todas sus variantes, aunque los mesones tampoco abundan.

Y ese sector hostelero impone su ley. Así cada vez proliferan más estos negocios, pero lo peor es que salen a la calle y en muchos casos su clientela ocupa más metros en la vía pública de los que tiene el local. Eso es, sin duda alguna, un inconveniente para los viandantes, que casi no caben o tienen que rodear la terraza para seguir su camino. Pero sobre todo es un grave problema para los vecinos, no sólo porque tienen invadido su espacio, sufren la suciedad de lo que se cae al suelo (aunque proliferen las pequeñas papeleras en las mesas, pero todavía hay mucha gente que sigue tirando las cosas al suelo), amén de las colillas de los fumadores. Sin embargo, a pesar de ser muchas las molestias, las sufrirían pacientemente si no tuvieran también que padecer insomnio. Porque con estos calores, todos abrimos nuestras ventanas por la noche y cuando tienes debajo una terraza la cháchara no te deja pegar ojo. Surgen entonces las llamadas a la policía y las denuncias, pero no siempre se llevan a cabo con celeridad y por eso las asociaciones vecinales están tomando cartas en el asunto y la Fiscalía abre diligencias sobre las actuaciones municipales para atajar esta ruidosa lacra. Porque ahora que tan dados somos a esgrimir nuestros derechos, se nos olvida que el de la diversión acaba donde empieza el de los demás al descanso. Y esto es algo irrenunciable. Poridad debe hacer entender a los hosteleros que su negocio no debe perjudicar el descanso de los vecinos.

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