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León

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Para enamorarse (o para hacer bebés)

E n los últimos tiempos he tenido este debate con algunas de mis amigas sobre este tema tan en boga. Ellas aseguran que aplicaciones como Tinder o Badoo son necesarias (por no decir que imprescindibles) para encontrar pareja en estos tiempos locos. Que para conocer al amor de tu vida, tienes que testear a cientos de personas, y que estas redes sociales te facilitan mucho el trámite. Confieso que, a raíz de un desengaño que he tenido recientemente, he estado a punto de sucumbir y de darles la razón. Y Tinder pasó a formar parte de mi colección de app en el móvil. Pues bien, no aguanté ni diez minutos con él. Vaya por delante que respeto a todo el mundo que se sienta cómodo y le divierta ese juego, al fin y al cabo no hacen daño a nadie. Por lo que a mí respecta, la sensación de estar comprando online unos zapatos o cualquier otro objeto me pareció vomitiva. Pero no, señores, es que lo que se ofrece ahí son ¡personas! Personas que se descartan o se aceptan ¡de acuerdo a lo favorecido/a que salga el/la susodicho/a en la foto del perfil! Luego conversamos, y si eso ya...te adquiero...o no. ¡Hombre, no me fastiden! La gente que lo usa argumenta a su favor que para ligar, por ejemplo, de fiesta, el criterio es similar e igual de frívolo, lo primero es siempre la mera atracción física. Vale, de acuerdo. Es totalmente cierto que es también una sistemática bastante fría y superficial. Pero, al menos, sé cómo te comportas, sé qué tipo de conversación tienes, sé si me atraes como persona (no como objeto) o no. En definitiva, sé si eres un zapato que me queda bien, sé si me siento cómoda caminando contigo, al menos esos primeros pasos. No sé, llamadme soñadora, o vieja (tengo 27 años), o anticuada, o lo que queráis, pero yo sigo creyendo en encontrar el amor de una manera más tradicional. O menos frívola. O simplemente, no catalogando a las personas como si fueran objetos. Ese \ «nos conocimos por casualidad, nos empezamos a hablar, nos hicimos amigos, la amistad poco a poco se fue transformando en algo más grande...y aquí estamos, sin haberlo planeado ni buscado\». Y si para no morir sola tengo que pasarme por un supermercado, sinceramente, yo paso. Viviré tan a gusto con mis perros. Que somos personas, no zapatos, ni máquinas, ni mercancías, leñe.

LUCÍA González Rodiño. Villanueva de carrizo

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