Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

U n 14 de junio. ¿Qué nos dice esta fecha? ¡Es uno de los llamados ‘día D’! Esa jornada de vital importancia para todos. Se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre. Cada año se difunde ese día con un lema y este año fue un ‘La sangre nos conecta a todos’. El país anfitrión fue en esta edición los Países Bajos en un proceso que comenzó en 2004 en Sudáfrica. Entonces el lema fue ‘Sangre un regalo de vida’.

Desde entonces se ha producido un recorrido por distintos países con lemas igual de ejemplares como ‘Celebrando tu regalo san guineo’, ‘Dando sangre regularmente’, ‘Sangre nueva para el mundo’, ‘Más sangre, más vida’, ‘Cada donante de sangre es un héroe’, ‘Regala vida, dona sangre’ o ‘Gracias por salvarme la vida’... Todos ellos altamente significativos. 

¿Y qué es ser donante de sangre? De manera muy simple se puede decir que es aquella persona que con su generosidad, altruismo y desinterés se desprende, desde luego voluntariamente y sin ninguna contraprestación económica (al menos en este país nuestro), de un poco de su sangre para que otras personas se puedan beneficiar de este oro rojo que, al entrar en el cuerpo humano, salva  y/o revitaliza tantas vidas humanas  como no se puede uno imaginar.  

Desde hace unos años se dejó de mostrar tal cual saliendo de los goteros al pie de la cama hospitalaria. Hoy lo normal es que se apliquen componentes sanguíneos una vez fraccionada tras la donación. Así se obtienen los glóbulos rojos (operaciones y trasplantes, anemias, hemorragias), plaquetas (enfermos de cáncer y leucemia, prevención y tratamientos de hemorragias, déficit de plaquetas, oncología), o plasma (directamente en transfusión  o destinado a extraer proteínas utilizadas en tratar diversas enfermedades y con ello tratar hemofilia, hemorragias, quemaduras, enfermedades de riñón e hígado, déficit inmunitarios, ciertas alergias y enfermedades infecciosas). 

El donante es un ser humano generalmente anónimo (en España hace unos 50 años era aportada por familiares, conocidos y también mercantilizada) que suele pasar inadvertido y desapercibido, pues no busca publicidad ni reconocimientos. Es también solidario con los miembros de esta insaciable sociedad de consumo por cuanto entiende que de sus donaciones depende la calidad de vida, ¡y cuántas veces hasta la propia vida! de otros miles, millones de seres humanos como él,  que día a día están afrontando enfermedades de diferente tipo, que están siendo operados y/o intervenidos a diario de dolencias severas que afectan a su salud, que asistencialmente se les está tratando después de sufrir un accidente, ya sea éste laboral, de tráfico o de cualquier otro tipo… La lista es larga, desde luego. 

Es en los centros asistenciales y, específicamente en sus bancos de sangre, las más de las veces encuadrados en la red sanitaria de titularidad pública, donde el donante hace entrega de su sangre con todas las garantías y bajo el paraguas de una atención muy profesional y especializada por personal altamente cualificado, eso desde luego. Y este sencillo acto altruista tan sólo conlleva desprenderse de… ¡15 ó 20 minutos, a lo sumo!

Hay que decir también que, en general, la donación de sangre supone un beneficio añadido por cuanto, a su finalización, el donante percibe de inmediato esa sensación de alivio —por otro lado tan placentera— al descargarse de tensión, incluso de la —en ocasiones— acumulación de sangre que muchos donantes experimentan en su propio cuerpo. 

Bueno, pues el anónimo donante ya ha practicado el acto de solidaridad para con sus semejantes, desde luego desconocidos para él. Puede seguir haciéndolo con una frecuencia que, en el caso de ellos, se limita a un  máximo de cuatro veces, y el de ellas tres  al año. Y el donante habitual lo hace, créanme.

Y lo hace en el convencimiento de que su sangre, contenida en una bolsa totalmente precintada que contiene —por lo general— medio litro de este preciado y valiosísimo oro rojo, al igual que el resto de los hemoderivados que de ella se extraen, será convenientemente almacenada en perfecto estado de refrigeración y, así, distribuida por los diferentes centros sanitarios, hospitales, tiendas de campaña preparadas ad hoc para tantas y tantas situaciones de emergencia como se presentan hoy en día… 

Pero el caso es que llegados hasta aquí, y con tan innumerables voces de alarma que nos vienen hablando de que la donación de sangre ha descendido —y sigue descendiendo— en España, si bien en unas zonas más que en otras, cuando por otra parte vemos que cada día se necesita más y más sangre para atender tantas necesidades (¡y no digamos en épocas concretas como verano, Semana Santa y Navidad, por ejemplo!)… nos viene una reflexión a la cabeza para recordar que sí, que los españoles estamos demostrando ser solidarios con quienes poco o nada tienen, también con los cientos y cientos de tragedias presentes por doquier.

¿Y cuál es la razón por la que no somos tan solidarios al tiempo de donar un poco de nuestra sangre a favor de quienes la necesitan? ¿Es desgana, es falta de concienciación? No nos cuesta nada, y siempre tendremos esos 15 ó 20 minutos para acercarnos a donarla. Y, a este respecto, una pregunta: ¿Y si nosotros mismos, o alguno de nuestros seres más queridos, la necesitase en un momento dado? Que cada cual se conteste. 

¡Ah! Y otra importante cuestión más que no debemos olvidar, cual es esa labor ingente de tantos y tan desinteresados voluntarios que militando en hermandades, asociaciones y grupos, por lo general sin ningún ánimo de lucro, ahí están, día a día, minuto a minuto prestando una colaboración tan necesaria como tan poco reconocida.

Y a las pruebas nos remitimos: en muchísimas ocasiones  están trabajando con ínfimos recursos y con dotaciones muy escasas porque, ya se sabe, aquí también han llegado los famosos y tan poco afortunados recortes. Y el caso es que, como tantas veces ocurre, ellos están haciendo ese trabajo sucio que a la Administración Pública compete para garantizar la salud que a todos los ciudadanos nos corresponde. Por igual. 

Por último, ¿para cuándo el merecido reconocimiento al donante de sangre que tanto se viene reclamando desde las instancias implicadas en labor tan esencial y humanitaria?

Cargando contenidos...

¡Tomen buena nota, señores políticos!