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en blanco javier tomé
León

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A quí seguimos, pendejeando y disfrutando de los rituales de ocio programados en La Venatoria para celebrar sus fiestas anuales, una ruleta de celebraciones dispuesta a partir de quintales de trabajo, sudor e ilusión. Sociedad devota de sus tradiciones, su más que centenaria memoria sentimental proviene de la suma de muchas historias individuales entrelazadas por las leyes de la afinidad, que renuevan cada día su compromiso entre instantáneas llenas de vida y diversión. La estrategia y logros de La Venatoria en sus 110 años de existencia, onomástica que se cumple precisamente esta temporada, se deben a las pautas de racionalidad y buen gusto que son señas distintivas de un proyecto común pensado para el solaz de grandes y pequeños. El tribunal de los hechos dictaminó que Carlota García Otero sea la reina infantil de las fiestas en 2016, una niña que ya desde la cuna apuntaba maneras, hasta convertirse en la criatura más encantadora desde los lejanos tiempos en los que Sarita Montiel hizo la comunión.

De casta le viene al galgo, ya que su madre, de quien omito el nombre por no ofender su acreditada modestia, ya fue Miss Camiseta Mojada en Benidorm durante tres años consecutivos. Así que cumpliendo al pie de la letra las complejas normas de la evolución humana, la pequeña parece estar preparada para vencer en la eterna lucha de clases entre guapos y feos. Dicen que anda ennoviada con el mini esquiador Nacho Cantalapiedra, cuyo progenitor, el incombustible Jes, ya formaba parte del legendario escuadrón de «los tigres de Candanchú». Hemos vivido, en definitiva, unos días de farra y compadreo, de jaleo y bullicio a pie de campo, significados por el amplio abanico de posibilidades recreativas. Hubo tiempo para el deporte, la convivencia, los excesos gastronómico, la bebida, el baile y las risas. Por decirlo en dos palabras, el protocolo habitual en una Sociedad más que centenaria y empeñada, desde siempre, en dar forma a lo que muchos consideramos una suerte de nido familiar por su saber estar y el amable ambiente que es sinónimo del verano leonés.

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