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León

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Lo que pasa en Villafranca del Bierzo es vergonzoso

L a actual Corporación municipal, y las anteriores, se estrellan con un muro de desprecio y poca sensibilidad hacía una población que como todos sabemos es el único Conjunto Histórico Artístico Nacional en todo su recinto de nuestra Comunidad. Mi queja de hoy, ya que el Ayuntamiento no ha conseguido hacer valer sus derechos va dirigida a escasa atención que Telefónica pone para compartir las bellezas que atesora nuestra villa y se limita a dejar cables sueltos y enrollados de cualquier manera durante años. 

Así los cientos de turistas que nos visitan diariamente, consiguen hacer unas fotos de los cables enrollados y colgando de cualquier manera, que bien podían considerarse propias de un país tercermundista.

Los villafranquinos no pedimos cosas imposibles ni costosas, sino un poco de consideración con una población, que ya está harta de tanta desidia como demuestra Telefónica con Villafranca, porque un sólo operario podría solventar todos estos desarreglos en un  día mientras rechinamos los dientes cuando vemos tanta propaganda de unos servicios que aumentan sus dividendos.

Patrimonio debería de multar como corresponde a quien como en este caso menosprecia la heráldica de la Calle del Agua, donde no existe reparo en cruzar por el medio de un escudo con un manojo de cables desde hace cinco años.

Ramón Cela López. villafranca

Entre la eficiencia y el uso racional de recursos

L a crisis económica —de la que aún no hemos sido capaces de recuperarnos— ha incorporado a nuestro argot de conversación dos palabras. Eficiencia y sostenibilidad. La primera como el resultado de conseguir los mismos objetivos —sin menoscabo de su calidad— a un precio más competitivo. Y la segunda como la garantía de asegurar las necesidades presentes sin comprometer las de generaciones futuras.

Entre ambos conceptos nos movemos a nivel mundial desde 2008. Y en particular en nuestro país, donde se habían asociado ampliamente los servicios públicos a las ideas de accesibilidad, universalidad y gratuidad —aunque los financiemos entre todos—.

Al albur de la manifiesta incapacidad de nuestros representantes políticos para su adecuada gestión —primando el economicismo frente a la referida eficiencia—, han surgido un nutrido grupo de asociaciones y plataformas vecinales y sociales, que persiguen el loable fin de mantener la prestación de servicios en un alto nivel de excelencia.

Sin embargo existen dos aspectos que amenazan el éxito de las mismas. La primera es la politización de sus filas y la segunda creer que con solicitar un aumento de los recursos está resuelto gran parte del problema. Sin atisbar que el fracaso está también asegurado, de no abogar por un uso racional de los mismos. Y eso, aunque nos pese, no depende tanto de los gestores, como de nosotros mismos.

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LUIS ALBERTO RGUEZ. ARROYO. SANTO TOMÁS DE LAS OLLAS