Pensiones y otras gaitas
L a política se teje con apariencias», dijo Julio César en el I a. C. No ha escampado. Nuestro problema es que los políticos lo son de partido, no de estado, lo que arroja un panorama de mediocridad que asusta al más templado. Mientras se convierte en una fábrica de pobres, mentiras, desigualdad y corrupción, sus señorías (minúscula) siguen haciendo metafísica de la cuadratura del círculo. Hay algunos que, con un morro alargado como la sombra de un bosque de cipreses, dicen comprender el hartazgo ciudadano. Se trata de solucionar, que para eso están, no para calentar las bancadas, quienes las ocupen, por supuesto. ¿Suspensión de empleo y sueldo? Los aires ejemplificadores del norte polar europeo necesitan airear esta piel de toro, inundada de palabrería, insultos y amenazas, ineficacia, contradicciones y mentiras… Ellos a lo suyo, que la cultura de la negociación y el diálogo, pilares de las democracias reales, no está en sus agendas. El tal Soria, al margen del último intento salarial de escándalo, iba tirando con 4.800 euros al mes. ¿Indemnización por dimitir? Como el resto. ¿Quién es/son para tanto abuso y privilegio? Un ejemplo entre miles. Ante panorama tan escandaloso, es necesaria una reducción drástica de privilegios y políticos, que son los responsables del descrédito en que se ha sumido el sistema. Por cierto, los congresistas han aumentado el número de ayudantes a la chita callando. Señorías: los ciudadanos están hasta las pelotas de tanto cambalache, de la sola prosperidad de los prósperos. Y no pasa nada. El problema ya no es solo político, es moral.
Entre los olvidos de los problemas de los ciudadanos, tantos, las pensiones, con permanente pérdida de poder adquisitivo, utilizadas como intereses y armas políticas, dentro del contexto de la establecida política del miedo en que quieren situarnos. Con premeditación y alevosía traicionera, se está esquilmando la hucha de una herencia recibida poco o nada reconocida, lo que impulsa el crecimiento de la deuda y, como consecuencia, de la pobreza. Tomen nota, por si acaso, de dos reflexiones inevitables. Las pensiones significan un alto porcentaje del actual sustento de la economía familiar, desestabilizada por la precariedad laboral. Esta y los bajos salarios difícilmente pueden reflotar las cuentas. Pónganse a trabajar y déjense de perderse en disputas y disparates inútiles. Devolver lo robado es una medida urgente. Como que se ajusten a la vida real.