EDITORIAL: Incendios: balance con buenos datos y el reto de evitarlos

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León

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Castilla y León registró en lo que va de año 1.139 incendios forestales, un 31% menos que en 2015, con un 53% de ellos intencionados, y un descenso de la superficie arbolada quemada del 56% (1.766 hectáreas). El detallado informe del consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones, revela que también descendió un 38% la superficie forestal quemada (9.772 hectáreas), unos datos que no son para celebrarlos, porque no son positivos, pero sí importantes por dos razones: porque revelan un descenso considerable respecto a la media de los últimos diez años y porque la campaña de este año se enfrentó a condiciones extremas por la abundancia de vegetación, la sequía que siguió a una primavera lluviosa, las altas temperaturas y un verano muy largo que se prolongó prácticamente hasta esta semana.

Lamentablemente, el Bierzo se llevó una vez más la peor parte, ya que el incendio de Fabero afectó a 2.665 hectáreas forestales, 815 de ellas arboladas, casi tres cuartas partes de la superficie arbolada que resultó quemada en toda la provincia (el 62% del total de la comunidad autónoma). Y lamentablemente también la razón más dolorosa del informe la ofrece el alarmante número de incendios intencionados: el 53%, frente al 24% a causa de accidentes y sólo el 7% por rayos. Por lo tanto, el 93% de todos los incendios fueron causados por el hombre y, en consecuencia, siguen siendo evitables. Pero difícilmente se conseguirá evitarlos todos por más que se intensifiquen la vigilancia y la colaboración ciudadana al delatar a los causantes, se incrementen los medios y se endurezca el código penal —todavía más del 90% de los pirómanos quedan impunes—, porque la maldad y la irresponsabilidad son consustanciales a la condición humana y sólo son corregibles desde la educación y la toma de conciencia de que el medio ambiente es un bien esencial. Y de todos.

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