Diario de León
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CUARTO CRECIENTE. CARLOS FIDALGO
León

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El escritor leonés Jesús Torbado ganó en 1976 el Premio Planeta con una ucronía. Torbado imaginaba en su novela —que tituló En el día de hoy, en alusión al parte militar con el que Franco dio por finalizada la Guerra Civil— lo que hubiera ocurrido en España si la República hubiera ganado la contienda.

Imaginaba Torbado a Franco huido en Cuba. A sus generales refugiados en Portugal. A Ernest Hemingway afincado en la capital de España, donde decidía escribir una novela titulada, Madrid es una fiesta (y no París). Pero Madrid no era una fiesta, si no más bien una algarabía, con un gobierno inestable, enfrentamientos violentos entre los anarquistas y los comunistas —la eterna división de la izquierda—, y la sombra de los franquistas, agazapados en todas partes, que planeaban un segundo golpe de Estado.

En el día de hoy, cautivo y desarmado. veo al PSOE. Cautivo de intereses que no son los de sus electores, los de los ciudadanos que no les votaron para entregar la cuchara, si no para acabar con los recortes, devolverle a la Educación y a la Sanidad Pública lo que el PP le ha quitado, y aplicar una política económica que distribuya mejor la riqueza, acabe con la reforma laboral y reduzca las desigualdades sociales. Desarmado, porque no encuentra argumentos para convencer a los de dentro de que deben abstenerse en la investidura de Rajoy, y a los de fuera de que la abstención no significa que renuncien a ejercer la oposición.

Mientras los herederos de los anarquistas y de los comunistas —al menos así nos los presentan la mayoría de los medios de comunicación— planean rodear el Congreso al grito de ‘Ante el golpe de la mafia, democracia’, el PSOE acude a la investidura con una herida profunda en su ideario, más preocupado por evitar el sorpasso de Podemos que en desalojar del Gobierno a un partido que ha concurrido a las elecciones dopado, asociado a la política clientelar que ya practicaban nuestros abuelos, manchado por dirigentes que llevan años desfilando ante los jueces por sus corruptelas.

Y los demás asistimos al espectáculo como si fuéramos personajes de una novela de Jesús Torbado. Encerrados en una ucronía. Y con la sensación de que todo sigue un guión que no hemos escrito nosotros.

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