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LA GAVETA CÉSAR GAVELA
León

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A los leoneses no nos resulta fácil liberarnos de una épica industrial muy arraigada. Incluso en quienes, por edad, no vivieron los grandes tiempos de la minería y de las ensoñaciones siderúrgicas. Aún sigue vigente la melancolía por el esplendor perdido de nuestras cuencas carboníferas, en las que llegaron a trabajar miles y miles de mineros. Todo aquel mundo, que fue en parte fruto de la autarquía y de coyunturas internacionales favorables, dejó en el corazón de muchos leoneses un mito que recuerda al sebastianismo portugués: la ilusión de quien espera que algún día vendrá «alguien», bajo la expresión de una gran empresa industrial, a salvarnos. Una fábrica de coches pongamos. Una fábrica de coches china tal vez, ahora que los chinos están promoviendo todo.

Sin embargo, el rey don Sebastián no va venir, jinete de un caballo oriental. La vida es otra, y ya no caben esas ilusiones pasivas. Ni en nuestra provincia ni tampoco en la inmensa mayoría de las demás. Ahora es tiempo de pequeñas cosas. De sumar con poco. Pero sumando con poco se llega a lo mucho. Y parece que tenemos con que sumar. Pensemos en el AVE, que nos ha configurado como un destino ideal para los madrileños y para otros españoles. Pensemos en que hay encuestas fiables que consideran que León es la segunda ciudad ideal para vivir de todo el país. Pensemos en los esfuerzos de políticos municipales por atraer a pequeñas empresas a sus demarcaciones. Algunas, de cierto relieve, parece que pueden confirmarse. Otras, más modestas, ya existen. Y no olvidemos que la ciudad de León empieza a formar parte, en algunos ámbitos tecnológicos, de la elite española. Sin hacer ruido.

Y pensemos, claro, en el fascinador paisaje de esta tierra. Que seduce, sobre todo, a los viajeros cultos, a las personas que saben mirar más allá del mar y de las playas. Pensemos en la amplitud acogedora de las llanuras leonesas, en el encanto de sus zonas de transición; en el bravío y solitario mundo de sus montañas, o en el Bierzo extraordinario. Todo eso, poco a poco, es mucho. Y no digamos si cada uno hace lo que debe en la defensa de su tierra. Sea emprendedor o no lo sea. Los ámbitos de actuación son muchos. La provincia no está en vísperas de una gran eclosión económica, pero las circunstancias pueden y deben ir a mejor. Gracias a las comunicaciones y gracias a que cada vez hay más españoles que anhelan lo que en León sobra: agua, monte, paz, tiempo, historia, monumentos, gastronomía y también innovación. El León del futuro es el de las pequeñas cosas. Diversas y creativas. Pero para que esa realidad se reactive, es imprescindible que las dos áreas metropolitanas —León y Ponferrada—, donde ya habita más de la mitad de la población provincial, se coordinen y complementen. Tenemos que subir a segunda capitalinos y bercianos. Es más que una metáfora.

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