Diario de León
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AL TRASLUZ. EDUARDO AGUIRRE
León

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Caminaba por la calle enfrascado en la columna, o sea en cómo contarles mis anhelos de que Trump no salga elegido presidente de los Estados Unidos, cuando me topé con Lamberto Martín, un clásico de este periódico, a quien le felicité por los éxitos de su querida Cultural, de la que tanto y bien ha escrito. Tras echar mano de la cartera, me enseñó su carné de socio culturalista: el número 1. Y es que sus afectos vienen ya desde muy lejos. La grata sorpresa de encontrármelo fue un respiro local en mi agobio internacional. Tras despedirnos, enseguida volví al ser o no ser que me acongoja. Primarias aparte, ¿no había otro malo al que presentar? Porque si es por el tirón mediático también lo tienen otros republicanos famosos como Dart Vader, Hannibal Lecter o el Joker. «¿Y el tiburón de Spielberg?». Ese escualo, señora, vota demócrata. Las elecciones estadounidenses tienen en vilo al planeta. Si Trump necesitaba alimentar su ego podían haberle pagado a escote un cohete para que montase en Marte una cadena de sus hoteles, incluida la convocatoria de Miss Universo. Él y Putin parecen sacados de un casting para elegir al malo de una película de Chuck Norris. Pero no son ficción, ay, sino inquietante realidad.

Mientras en España, don Mariano ha pedido a sus ministros que dialoguen con la oposición, que tengan mano izquierda. «Es que a alguno y a alguna se la das y se toman el codo ideológico...», esgrimirá Sáenz de Santamaría. Así es. Por su parte, Pedro Sánchez se encuentra en Washington para vivir allí la noche electoral, además de para mostrar su apoyo a los demócratas. Albert Rivera ha declarado: «Iba a viajar por España, parece que ha empezado por Estados Unidos». A uno que ya ha empezado a contagiársele la retranca gallega.

¿Es posible que pueda confiársele el teléfono rojo a Trump, aunque haga juego con su corbata? Si gana este xenófobo y visita León que el señor alcalde no cuente conmigo para agitar la banderita por Ordoño, ni para cantarle «Americanos, os saludamos con alegría». Ese día me quedo en casa viendo mis películas de Norris. Son malísimas, pero —al menos— no duran cuatro años. Crucemos los dedos. Y los de ambas manos, que con los de una a lo mejor no es suficiente.

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