TRIBUNA
Vencer por abstención
A lgo así como el vencer a los puntos, de un político cuyo mejor mérito parecer ser, sentarse en espera de «ver pasar el cadáver del enemigo». Aunque mejor digamos contrincante, para no herir innecesariamente al PSOE, que bastante ha quedado ya, de dentro a fuera, por propia inercia discrepante de la baronía, trasladada a los miembros de las ejecutivas y del Comité Federal.
Por supuesto no ha sido tan sencillo como lo he presentado, para el que pudimos contemplar a lo largo de la pasada legislatura, a través del plasma y de «uvas a peras» hasta que «vio las orejas al lobo» de las nuevas elecciones; pues entonces se echó a la calle con intento de agradar, algo que sus fieles no necesitaban, siempre proclives a justificar incluso cuando «su» partido detonaba en demasiados asuntos oscuros.
Aludo naturalmente al presidente Rajoy. Su rostro, luchando por la aparente normalidad, era traicionado con algunos rictus de guiño de ojo, arqueos de cejas o tics cuando algo le rompía la coraza, con la que encubría una desesperante espera, sin duda para que muchos problemas se arreglaran por sí solos.
Por otra parte, a tenor de los hechos y de lo publicado, se ha venido comprobando que no ha sabido controlar a miembros más o menos relevantes del partido, involucrados en demasiados asuntos de índole económica, para sí y para el partido, según se ha dicho, llegando hasta los tribunales de Justicia. Es evidente que falló en su obligada labor invigilando, pero, ¡incomprensiblemente los votantes se lo han perdonado!
En las dos elecciones, diciembre y junio, el PP fue el más votado. Llegando a decir que en función de su mayoría de escaños en el Parlamento, por el bien de la nación, el PSOE, debería apoyarle para que volviera a marcar el rumbo, «su rumbo». Y tanto lo llegaron a decir, que hasta se lo creyeron ellos mismos. Y así que, bien sazonado y con levadura abundante la propuesta, se sentó a esperar que fermentara la masa, y un acongojado PSOE, tan herido como atolondrado, le premiara en forma de la abstención para ser investido como presidente.
Jugaron también sus bazas los llamados emergentes. Ciudadanos, tuvieron que practicar el donde dije digo, digo diego, y se tragaron el mayor sapo, el de negarle a Rajoy todo apoyo, para pasar a apoyarle con un doble sí en la investidura. Podemos, encelado con el PSOE, trató de ir a un gobierno de fuerzas progresistas, pero falló por falta de votos, de convincentes negociaciones y un largo etcétera.
Ahora vayamos al PSOE, alternancia en el gobierno desde la transición, con el PP. Ya no hay bipartidismo, ya no están solos, al tener a los citados como emergentes, pisándoles los talones, aunque en desigual medida.
No supieron encajar los socialistas la modernidad partidista que ensayaron y establecieron para sí, en las primarias, para elegir su gestor principal, Secretario general, a través de la militancia. No voy a analizar en profundidad la actuación variable de Pedro Sánchez, el así elegido, por desconocer las soterradas manipulaciones internas que le condicionaron hasta conducirle a la renuncia de escaño. Pero claro hasta llegar al final apuntado hubo toda suerte de avatares propios, de personales decisiones o de imposiciones federales. Aquéllos y aquéllas, por emplear su soniquete, pero cierto para la ocasión, que le habían apoyado, se tornaron críticos y críticas tras las clamorosas perdidas de votos de Diciembre y Junio, exigentes hasta el mínimo detalle. Al punto de despedirle, desposeerle de poder y cargo, con una orquestada maniobra de «acoso y derribo».
Felipe González, que llevó a los suyos a renunciar al marxismo, a tragar el rechazo a la Otan, «poner el país a trabajar» y hasta lograrlo, desde su retiro dorado, según se dice, elevó su voz indicativa y preconizadora de la abstención con entrega del gobierno al PP. Salvando la distancia y la coyuntura me recuerda lo acontecido en León durante las inquietudes autonómicas, de «somos socialistas pero antes leonesistas», pronto olvidado, que se podía equiparar al hoy incomprensible de somos «socialistas, esto es progresistas que, por puro pragmatismo, nos abstenemos para que gobiernen los conservadores» (?). En nuestro caso fallaron a los leoneses, y en el segundo a los militantes y a sus votantes en toda la nación española. ¿Dónde quedaba la palabra empeñada, promesas y programa?
Sin embargo ha indignado mucho en los escaños socialistas, que el catalán apellidado Rufián los tildara de «iscariotes». Hasta el punto de que Hernando, el ambivalente del no es no, y luego vamos a abstenernos; en el primer papel tildara de traición a los suyos, militantes y votantes, la abstención para que gobernara el PP; y reaccionara airado en su segundo papel de portavoz abstencionista, cuando de la boca del catalán de Esquerra, saliera lo de traidores.
Como premio a saber esperar, ya ha sido investido Rajoy presidente del Gobierno.