EDITORIAL: La precariedad del empleo recorta excesivamente la renta disponible
La renta disponible de todos los leoneses se situó en 2014 —es la última campaña cerrada por parte de Hacienda— en 4.256 millones de euros. Pero la importancia de la cifra no viene dada por esa cuantía en términos absolutos, sino por los relativos a la pérdida de nada menos que 105 millones de euros sobre el año anterior. Los datos, que se conocen a partir de la declaración de la renta y son públicos desde que hace dos años entró en vigor la Ley de Transparencia, tienen total fiabilidad y no admiten debate, pero sí argumentos que los justifiquen e interpretaciones sobre las causas.
Es evidente que hay más trabajadores que en años precedentes y también que el número de cotizantes a la Seguridad Social estaba ya en fase de recuperación y crecimiento. Sin embarga, y pese a que la base de trabajadores es más amplia, los salarios de quienes se incorporan a la actividad laboral son mucho más bajos y en general se paga menos por el trabajo, hasta el punto de que en Castilla y León —la comunidad más dañada, sólo superada por Cataluña— cayeron un 2,1% entre 2010 y 2014. El deterioro de la actividad laboral —y la inactividad—, los contratos y los sueldos es realmente desoladora. El elevado desempleo, la temporalidad y la devaluación salarial enmarcan la situación general de la sociedad y en particular de los jóvenes tras una crisis económica extraordinariamente agresiva que puede que haya abandonado ya los números rojos, pero que arrastra unas secuelas muy dolorosas: es cierto que la tasa de desempleo en la provincia acaba de caer por primera vez en cinco años por debajo del 19%, pero también que todavía hay casi 37.000 desocupados y menos de la mitad de ellos reciben prestación.
Porque la supuesta recuperación económica que desde hace tiempo se viene anunciando no acaba de mejorar la situación general, sobre todo la de los menores de 40 años. Como consecuencia, se está produciendo un proceso de acelerado envejecimiento de la población y, por consiguiente, del conjunto de personas en edad de trabajar. Y ese proceso, que se acentúa por la marcha a la emigración de muchos jóvenes, es una sangría de talento y de futuro para la provincia. Pero el problema estructural más preocupante que plantea la empleabilidad de los jóvenes hay que enmarcarlo en una situación general como consecuencia del desacuerdo en el mercado laboral entre lo que realmente demandan las empresas y la formación que el actual sistema educativo ofrece a los jóvenes. El resultado, en cualquier caso, viene a explicar la rebelión de la juventud contra un estado de las cosas insostenible por la incapacidad de proporcionar una vida digna a las generaciones emergentes, cuya perspectiva de futuro es francamente mejorable. Quizá eso explique la actual inestabilidad política y la amenaza de agravarse si no se aportan soluciones. Soluciones que, por cierto, tampoco parecen estar entre las preocupaciones de nuestra clase política.