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LA LIEBRE ÁLVARO CABALLERO
León

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L a primera vez que nos hablaron de ello, el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo, como en el Macondo genial de García Márquez. Decían en 1997 autovía León-Valladolid y nosotros mirábamos al sur con la boca abierta y la palma de la mano derecha extendida sobre el ceño para hacer visera, desconfiados por naturaleza como somos, por si interfería en los vuelos de la avutarda o condicionaba las danzas del trigo con las que el viento llena de olas Los Oteros en primavera. Cuando, cuatro años largos después, empezaron a llamarla A-60 para que cupiera en los titulares a 5 columnas echamos un ojo de soslayo al mapa, por ver si el torpedo cuadraba con las coordenadas de tocado y hundido o era agua y librábamos, como nos intentaban convencer con las informaciones públicas del proyecto y las evaluaciones de impacto ambiental. Ya está en el BOE, nos insistían por aquel 2002, con el boletín convertido en llaga para los escépticos leoneses a los que se afeaba desde los despachos su gusto por el victimismo; esa estrategia trilera de convertir el efecto en la causa.

Mirábamos aún con recelo el trasiego de papeles, cuando el cambio del PP al PSOE convirtió los consejos de ministros de Zapatero en vísperas de fiesta. Cada viernes era una juerga que terminó por vencer las reticencias cuando las máquinas empezaron a morder las arcillas del Portillo, mientras llegaban noticias de que por Valladolid se ganaban metros de autovía para posicionar el enlace con el aeropuerto de Villanubla. Fuimos casi creyentes hasta que la historia desenterró los restos de Lancia, veintiún siglos después, para que la Junta popular los arrojara con cinismo en el camino, después de no haber advertido de su presencia en la tramitación, y el Gobierno socialista lograra una excusa para justificar la ralentización de las inversiones que heredó con gusto Rajoy. Por ahí siguen, ahora que el presidente del ejecutivo autonómico y el nuevo ministro de Fomento anuncian como un logro, casi dos décadas después, que para el otoño de 2018 al menos se completará el tramo que va desde Puente Villarente hasta Santas Martas, aunque queden en tierra de nadie otros 93 kilómetros para coser la autovía.

Que no corran. Por esa senda ya hace tiempo que se nos fue el progreso.

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