En tierra de belenes (a falta de luces)
E ntretenidos y anestesiados como estamos por el espíritu navideño, corremos el riesgo de que incluso nos olvidemos de la tristeza que, como comarca, nos ha acompañado a lo largo de todo este 2016. Estamos a punto de descolgar del calendario la hoja de un ejercicio en el que nos hemos acercado un poco más al abismo. Un año en el que no hemos visto esos signos de recuparación de los que por otros lugares se presume. En el que hemos vuelto a reeditar capítulos y más capítulos de los seriales de siempre sin encontrar ni una solución a nuestros males ni el cartelón que anuncia el final de nuestro sufrimiento.
Es cierto que las luces navideñas de la ciudad no nos cegarán. Que no taparán la falta de paisanos por las calles. Que no contribuirán a alegrar las ventas, pues los milagros, incluso en Navidad, no llegan cuando el hambre aprieta al bolsillo. Pero tampoco ocultarán una realidad escrita a golpe de abandono. La carta de Luis del Olmo al presidente Herrera difundida en la gala de La 8 Bierzo no es más que el grito auxilio de toda una comarca. No sé si en el momento y el lugar adecuado. No sé si por el autor o el destinatario acertados, pero refleja la desesperación que se ha apoderado de todos nosotros. Tal vez en otro tiempo sus palabras hubieran tenido una respuesta inmediata. Ahora, sólo se sumarán a las voces que llevan clamando en este desierto comarcal desde tiempo inmemorial, como reflejo de que no hay esperanza de redención para nuestra carne comarcal y moribunda.
Una relación a la que ayer se sumaba el alcalde de Páramo, al implorar al Ministerio, en el programa La Tertulia, clemencia—en forma de una empresa de ‘campanillas’ para comenzar a arreglar este desaguisado— para esta tierra . Una tierra en la que se montan belenes pero no follones, aunque en ello le vaya la vida.
Por eso nadie cambiará el paso. Ni en las Médulas ni en la minería. Ni en las infraestructuras que imaginamos que nos pueden hacer falta, ni en las que hace tiempo nos prometieron. Nada ha cambiado en el último año, salvo en que, en el mejor de los casos, somos más viejos, a la par que más vulnerables. Y así seguiremos pues de la luz al final del túnel no hay ni rastro (con todo, que pasen la mejor Nochebuena de las posibles).