Publicado por
fuego amigo ernesto escapa
León

Creado:

Actualizado:

H ace justamente medio siglo, en las Navidades de 1966, Miguel Delibes publicó Cinco horas con Mario , su primera novela «sin niños ni pájaros ni naturaleza», en la que desvela la hipocresía de las campañas oficiales sobre los Veinticinco Años de Paz con una enmienda radical a la mesocracia franquista. Para sortear la asechanza de la censura, ejecuta al representante de una de las dos Españas en conflicto, consiguiendo que el soliloquio vacuo y recurrente de la pacata Carmen Sotillos proyecte no sólo su universo de frustraciones y bendita sea tu pureza, sino que dibuje, al trasluz de aquella cháchara coloquial, la imagen idealizada del difunto, arquetipo no del todo infrecuente del intelectual pos conciliar de provincias.

Carmen Sotillos evoca en cinco horas de velatorio el hilo de su convivencia con Mario, un modesto profesor de literatura que acaba de morir a sus 49 años. El soliloquio da suelta a una implacable e inmisericorde introspección en la burguesía provinciana de posguerra. La novela se abre con la esquela y su primer capítulo describe el ambiente de los allegados que acuden a dar el pésame, de los cuales la viuda desplaza a la cocina a Beltrán, el bedel del instituto: «Desde cuándo los bedeles han estado mezclados con los catedráticos». No es la única diferencia de la pareja. Mario escribió novelas que a Carmen no le gustaban, por su insistencia en plantear gestos de bondad y escenas de soldados arrepentidos de matar. Tampoco le gustan los nombres que pone a sus personajes, cuando hay otros tan bonitos como Aránzazu o Borja. Las cinco horas de cháchara contumaz desvelan un choque de carácter e ideologías, pero también el reconcomio de la frustración sexual de Carmen.

Un día le propone novelar la historia de un padre que se enamora de su hijastra, pero no le hace caso y sigue con sus artículos, donde se enfada cuando alguien en la prensa de Madrid llama cruzada a la guerra civil. Mario ni siquiera se ha comprado un Seiscientos y sigue usando la bicicleta para moverse por la ciudad. Así que no es extraño que Carmen desate su admiración por Paco, el antiguo novio que tiene un Tiburón rojo con el que la lleva al prado, la besa, la abraza, le rompe el vestido y le confiesa su pasión: «Veinticinco años soñando con estos pechos, pequeña». Lo más notable de la novela de Delibes es su destreza narrativa, la capacidad de cautivar con el manejo de códigos expresivos coloquiales. Su aparición aprovecha una de las encrucijadas de posguerra, cuando la ruidosa cohetería de la primavera de Fraga va dejando al descubierto tantas imposturas. Pero su alcance no se limita a esa coyuntura, sino que salta sobre los clichés inmediatos para acercarnos la complejidad de los comportamientos humanos.

Cargando contenidos...