Unos cansinos
L o que les está pasando a los Podemitas es que cada vez resultan más cansinos. Hicieron «gracia» una vez pero llevan un año largo repitiendo el mismo «chiste» y el personal empieza a estar hasta los pelos del sainete. Se vieron tocando el cielo y se estamparon contra los alambres. Eso sí, desde antes y después, han seguido montando el pollo y haciendo títeres. Desde que llegaron al Congreso de los Diputados no hay día en que no preparen uno y lo representen para las teles y para colgarlo en twitter, su pajarito global, donde pian su doctrina de 140 caracteres. Ahora no están dando las navidades con su guerra interna, aunque como a ellos les repelen dirán que es por el solsticio, con zambomba y carraca. Pues por el solsticio les podían dar a ellos porque esto ya es un verdadero coñazo.
Y no tanto por la lucha de poder en sí y los degüellos partidarios, que eso forma parte de la condición humana, para mal, pero humana y de la crueldad correligionaria que bien es sabido que en política existen, de menor a mayor grado de peligrosidad tres grados diferentes: los rivales de otras fuerzas, los enemigos y, los peores, los compañeros de partido. Lo que en estos ya estomaga es que pretendan convencernos de que no, que se aman y no paren de hacerse arrumacos, disimulando las inquinas y diciendo que las dagas son de mazapán de Toledo y no de filoso acero, también toledano.
Lo más cansino es la pretensión de convencernos de que sus purgas son a besos, sus destierros a abrazos y sus decapitaciones, fraternales. Eso ya no hay quien se lo compre y ya no hay televisión que se lo venda por mucha alfombra e incienso que les extiendan y expandan. Napoleón Iglesias ha visto como su papel de macho alfa ha estado a dos mordiscos de ser finiquitado y eso ya es un punto de no retorno para Errejón Bola de Nieve contra quien ya no cabe otra que soltarle a la rehala, de lo que se ha encargado con presteza un Echenique siempre en socorro de quien percibe que gana.
Son las cosas Podemitas. Que con su pan se lo coman y con su vino lo pasen. Pero de puertas afuera lo que se nota cada vez más es que al uno le ha entrado el moho y el otro se ha convertido en vinagre. Si al menos lavarán la ropa sucia en casa y si no pretendieran, encima, decirnos que está blanca inmaculada tendría un pasar la cosa. Pero con todo el sainete que se traen lo único que consiguen es que les le vean cada vez más las zurraspas.