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fuera de juego carlos frá
León

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N ada como un riego de poder para calmar las aguas en cualquier partido político. El PP ultima los preparativos para un congreso sin que nadie se mueva lo más mínimo no vaya a ser que provoque algo que se asemeje a una ola. Amansados con ese poder consolidado por el terremoto del eterno rival, poco a poco han ido sacando la cabeza del agua los que se sumaron hace no tantos meses a aquel intento de maremoto, que llegó exportado desde otras playas, e invitó a las filas populares a chapotear con ruido de sables porque la situación de Rajoy era insostenible y ni siquiera valía como candidato. Los más recatados se quedaron en lo de mirarse en el espejo, ignorando que la historia tiene mucho de bucle si se piensa en lo ocurrido en las vísperas del Congreso que reunió al PP en Valencia allá por 2008 para tramitar la sucesión del que aún surca las aguas una década después con una mano en el timón de Moncloa y la otra en el de Génova. Es el pontevedrés llamado a completar la trilogía de los inmortales gallegos junto a Paco el del Ferrol y Manolo el de Villalba, a los que tantas veces enterraron antes de que acabasen muriendo en sus camas dentro de unos Palacios de Invierno que ni los propios ni los enemigos pudieron o quisieron asaltar.

Mientras, en estas tierras miran atentos al Congreso madrileño del PP con la única duda del viejo carpintero, de comprobar si saldrá con barbas o no. De si como escudero de la ya incuestionable Cospedal retornará el vasco Alonso o si se reforzará el mando con el que poco a poco se ha hecho el zamorano Maíllo, al que estos días le han remitido por si acaso un recordatorio con sus ‘facturas’ pendientes en la Caja.

La consabida ‘afición’ de Rajoy a realizar cambios anima incluso a hacer apuestas sin mucho riego. ‘Seguimos con los mismos once y todo igual que nada como poner el autobús para capear sorpresas’. Y en los banquillos regionales y provinciales tocará seguir yendo a recoger balones que se fueron demasiado lejos, aguardando esa ocasión que aplaza el entrenador y puede complicar el árbitro que dirigirá la contienda desde Génova.

En la costa más opuesta disputan otro partido en el que el dueño del balón lo tiene claro. O Iglesias mete todos los goles o se va para casa.

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