EDITORIAL | Una regulación imprescindible para el sector hostelero y para el turista
Las nuevas formas de hacer turismo y la universalización del ocio activo introdujeron en el mercado nuevas demandas de alojamientos alternativos a los tradicionales hoteles y, como consecuencia, también la extensión de la actividad clandestina —y fraudulenta— que todavía sigue causando un enorme daño al sector. La situación había llegado al punto de que se hacía imprescindible una regulación que diese respuesta a la demanda de los turistas y a las necesidades de una iniciativa empresarial que dispone de viviendas para ser utilizadas con fines turísticos. El Consejo de Gobierno de la Junta aprobó ayer el decreto que regulará por primera vez el sector en el ámbito de la comunidad autónoma y que establece una normativa específica que evitará prácticas de intrusismo en el alojamiento turístico y la competencia desleal con la oferta de alojamiento privado. Y lo hace controlando la oferta y la comercialización directamente a través de las páginas webs de las agencias de viajes y centrales de reserva, de manera que aquellas viviendas que no se publiciten por estos canales quedarán fuera de la regulación turística y seguirán sometidas a la normativa de arrendamientos urbanos.
Pero además de erradicar la actividad clandestina, el decreto tiene que ir más allá en su utilidad, de manera que sea también una buena herramienta para promover la calidad y la diversidad de la oferta, favorecer la iniciativa empresarial, estimular la innovación y la competitividad del tejido turístico empresarial y, desde el otro lado, elevar la confianza del demandante en la oferta y la calidad de los servicios, así como también reforzar los derechos de los clientes promoviendo la excelencia del sector como estrategia económica y laboral de futuro.