Diario de León
Publicado por
MARINERO DE RÍO. EMILIO GANCEDO
León

Creado:

Actualizado:

Mantengo la teoría de que el principio del fin ha sido la costumbre de sacar a pasear el vaso —vasazo a veces, caldero, pila abrevante— de café por las calles. Y ves a la gente lucirlo muy orgullosa en la mano como si fuera un trofeo, mientras da sorbitos y a la vez revisa sus mensajes en el móvil. Yo no sé qué puede llevar al ciudadano a prescindir de un momento tan sencillo, barato y placentero como es tomarse un café por la mañana en compañía de un amigo, de unos compañeros de trabajo o de un periódico, pero entiendo que el asunto tiene que ver con el tiempo de que disponemos, o más bien con la percepción que tenemos del tiempo, y sobre todo con modas y prestigios, estampas de peli y serie descargada, venga tanques de cafeína mientras el protagonista pone cara de interesante en el parque y, al salto, escribe en su tablet o en su iphone el comienzo de una novela con cátaros y obras de arte robadas por los nazis o bosqueja un estudio de mercado que llevará a su empresa a devorar tres corporaciones coreanas.

Los aficionados a las fotos antiguas —y cada vez son más, ¿por qué será? ¿qué veremos en ellas? ¿qué mundo añoramos en esta sociedad glacial?— saben bien que hace medio siglo ciudades como León eran un hormiguear de gentes que laboraban a las puertas de sus comercios y tallerines, siempre con tiempo para el palique y el vinillo. Vidas más reducidas, también más humanas. Vidas en las que trabajo y ocio no estaban separados por muros y alambre de espino como hoy.

La gran epidemia y la primera causa de muerte en el mundo con el avance del siglo XXI no será el cáncer ni las cardiopatías, sino el estrés. Ya lo está siendo. La gente dice adiós engarfiada a las teclas del ordenador o derrumbada tras los mostradores, ahogada a manos de la presión social. Francia, por ejemplo, ya está planteando que el agotamiento se considere una enfermedad laboral. El torbellino mercantilista todo lo devora, y el mayor de los lujos se llama ahora tiempo libre. Pero para conseguirlo tenemos que trabajar más y mejor, y vuelta la burra a los trigos. ¿Merece la pena? La pregunta sobrevuela nuestras mañanas con cada timbrazo del despertador.

¿Café para llevar? No, qué demonio. Y échale además un chorrín de orujo.

tracking