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RÍO ARRIBA MIGUEL PAZ CABANAS
León

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L a pasada semana, en las jornadas de dinamización económica que organiza cada primavera Ildefe desde hace dieciséis años, tuvimos la oportunidad de conocer a un impagable ramillete de jóvenes emprendedores que vinieron a contar sus experiencias en León. Alguno de ellos, como Emilio Galán, Director de Tecnología y co-fundador de Beonprice, fue particularmente estimulante en su ponencia y dejó caer opiniones profundas e inspiradoras: como cuando incidió en que ciudades como la nuestra (su proyecto, una plataforma tecnológica que maximiza la rentabilidad en el sector hotelero, ha sido gestado en Salamanca y, además de haber sido acreedor de importantes premios, cuenta en nómina con casi cuarenta trabajadores) pueden ser perfectamente cuna y motor de iniciativas que trasciendan los límites provinciales. Galán, que se considera a sí mismo un “emprendedor feliz”, dio una lección de optimismo en una ciudad donde lo habitual son las lamentaciones y el resentimiento (como demostró el público asistente en varias ocasiones). En un momento dado, hizo referencia a lo que en la jerga de las startups se denominan ‘unicornios’, palabra utilizada para describir fenómenos planetarios como los de Google, Airnb o Facebook. Aventuró, con cierto tono misterioso, que en España puede aparecer uno a no tardar. Para quienes ya vamos peinando canas, la maravillosa figura del unicornio nos evoca la legendaria canción de Silvio Rodríguez y nos resulta chocante verla empleada en este contexto del mundo emprendedor. Pero, contra lo que pueda parecer, no desentonaba en su discurso. Es cierto que hay situaciones que merecen una reflexión crítica (la competencia feroz y la mortandad de esas iniciativas, o el peligroso monopolio que ejercen los monstruos anteriormente citados), pero en boca de Emilio Galán las expectativas adquirían otra dimensión: él invitaba a salir del conformismo y la desesperanza, dejando atrás todas esas mochilas que frenan el desarrollo, y que a menudo se asocian más a la actitud que a las posibilidades reales de un territorio. Lo mejor, sin embargo, es que lo hizo empleando un tono donde se mezclaban el aliento y la serenidad, sin abandonar nunca la percepción real de los problemas; lejos del histerismo de algunos coach de moda y poniendo el dedo en la llaga: si todos aspiramos a ser funcionarios, si la única solución que aporta la administración pública es seguir hinchándose hasta el delirio, poco espacio va a quedar para la ruptura y la innovación. Ese joven emprendedor, de orígenes particularmente humildes, que a lo mejor nunca llega a poner las riendas a un unicornio, nos estaba diciendo que ha llegado la hora de que aquí dejemos de ir montados solo en burro.

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