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ernesto escapa
León

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Toral, que es en la actualidad uno de los lugares más prósperos de la pujante vega del Esla, no fue únicamente solar comunero del regidor leonés Ramiro Núñez de Guzmán, quien después de la derrota y no fiándose del perdón regio, prefirió pasar unos años con sus hijos en Portugal, condenados a muerte en rebeldía. Aunque Carlos V ordenó el derribo de las casas y palacios del jefe comunero leonés, el corregidor de la capital no pudo ejecutar la venganza regia y se excusó diciendo que «dicha ciudad era de montaña y la gente algo arriscada», mientras en Toral plantó cara mientras pudo y con decisión a los imperiales María de Quiñones, mujer del comunero.

Todos los viajeros de pluma que en casi quinientos años transitaron la vía entre Benavente y León encontraban en los tapiales derruidos de Toral una buena percha de la que colgar sus reflexiones, que unas veces eran de un signo y otras del contrario. Porque ya se sabe que los vaivenes de la historia dejan resquicio para todos los gustos. Los últimos curiosos fueron los novelistas Merino y Aparicio, en su viaje por Los caminos del Esla, a finales de los setenta del pasado siglo. Toral, en este como en otros trances complicados de su historia, decidió vincular su suerte a la de los proscritos. Hasta tal punto, que mudó su apellido fluvial de la Vega por el nobiliario de los Guzmanes vencidos en la guerra de las comunidades.

También fue el primer cobijo provincial de los protestantes en León, a fines del siglo diecinueve. De modo, que a estas alturas del veintiuno, a nadie puede extrañar el rebrote de los tapiales comuneros devastados por los realistas ni la ecuménica vecindad en sus calles de una comunidad contemplativa de monjas jerónimas con el centro cultural protestante Eduardo Turrall. Por lo demás, la iglesia de Santa María de Toral no tiene torre, mientras la que permanece enhiesta, que correspondió a San Juan, no tiene iglesia. La torre de San Juan es cuanto queda de la antigua iglesia, asfixiada entre corrales y traseras. En cambio, Santa María perdió en un derrumbe la torre poderosa alzada a sus pies y la excepcional cúpula ovalada cubierta con alfarje morisco del presbiterio. Con todo, lo que conserva convierte a este templo en uno de los mejores de nuestra Tierra Llana. La calle de Toral donde se agrupan la iglesia evangélica, la casa del fundador y el centro cultural lleva el nombre del misionero inglés que vivió en este pueblo entre 1895 y 1906. Luego, se trasladó a Jiménez de Jamuz y, después de la guerra, a la capital, donde murió a sus 94 años, en 1962. Al frente de la misión de Toral quedó su discípula Elisa Taylor. En la actualidad, merece visitarse la casa, que conserva en su desván la trampilla de una imprenta clandestina.

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