León

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Me pregunta una lectora si me he presentado al casting de figurantes, ese para el documental sobre la llegada del grial a León. A punto estuve. Pero al ver que se presentaban 500 aspirantes, cifra redonda, tampoco iba a descompensar tal armonía aritmética. Ah, la remota antigüedad. Ah, el lejano medievo. Sólo por vivir sin festival de Eurovisión merecen estar en la Historia. Pero lo cierto es que, debido a mi mata de pelo, el casco siempre se me ha resistido. No así la túnica, los leotardos o hablar en romance. En fin, otro casting será. Pero que nadie se engañe. El figurante ni besa a la chica, ni mata al malo. Lo suyo es mero figurar, de cerca o de lejos. Y en este caso, poner cara de vintage. Si en el documental se te ve bien podrás presumir con los parientes, si sólo se te intuye tendrás que jurar ante notario que ese puntito negro eres tú. El figurante en una de Tarzán es el portador a quien come el cocodrilo. En una de romanos, a quien se zampa el caballo de Nerón. En una del Oeste, al que acribilla Eastwood. En un debate de los presupuestos del Estado, el que ni pincha ni corta. Pero en este documental a ningún paisano se le pedirá cantar «Llevo el pecho tatuado». Todo lo más, y si le caes bien al director, gritar: «¡A los caballos que vienen los malos!» Con mucho cuidado de no ponerse nervioso y decir: «¡A los malos que vienen los caballos»!

Se les va a pagar poco más de 30 euros por día. Algo escasín, pues figurar aburre. Al menos, a los especialistas se les arroja en llamas desde una torre, son mordidos por vikingos o caen en cruenta batalla. Pese a todo, a mí me encantaría ser figurante en un documental de tema histórico riguroso, tipo «Cervantes nació en Arcahueja», «Colón fue culé» o «¿Volveremos a ser monos?».

En los años sesenta, la novela de mi padre «El bordón y la estrella» fue adaptada al cine. Se rodó en Villafranca del Bierzo, con la participación de los vecinos como figurantes. Fue apoteosis medieval, según Juan Carlos Mestre quien lo vivió de crío. La película se estrenó allí, como justo homenaje, pero la productora fue embargada y el film no llegaría a los cines. En mi casa de aquello no vieron un maravedí. Figúrense el chasco. Y además, ay, sin casco.

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