La balanza loca
N adie sabe a qué atenerse que no sea a las consecuencias. La lucha por los votos amenaza con terminar con la poca sensatez que nos queda y el Partido Socialistas Obrero Español, el histórico PSOE, al que sin embargo ahora algunos llamaron el Psoez no sin antes edificar sus carreras políticas, amenaza derrumbamiento. Crecen las arengas en la misma medida que escasean las ideas. Se trata de ganar votos, aunque se pierda la votación última. En eso están Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López, las tres patas para un banco que no pueden prescindir de los bancos. Quedan sólo unos cuantos días para que se decidan los 187.000 afiliados y, sobre todo, para los que no tomaron ninguna decisión. Los escépticos, incluidos los que lo somos de capirote, estamos convencidos de que será lo que Dios quiera, porque el llamado Sumo Hacedor no se mete en nuestras cosas. De momento ha delegado en Emmanuel Maron, y este, a su vez, en Manuel Valle, que opina que un partido que apenas ha superado el seis por ciento de los votos en la primera vuelta está clínicamente muerto.
Todos, o casi todos, o sea muchos, acuden en socorro del vencedor. Macron es el hombre de moda y por lo tanto puede pasar de moda. De momento, Marion Maréchal-Le Pen ha tirado la toalla, lo que nunca debe hacerse porque hay que recoger las lágrimas. Los que confesamos nuestra doble ignorancia en política internacional y nacional estamos más preocupados porque el alza del consumo en España haya llevado el ahorro familiar a mínimos. Ni siquiera sabemos que en nuestro país hubiese tantos ahorradores. Nos crecíamos que eso de guardar dinero era una especialidad de la familia Pujol y de la matriarca Marta Ferrusola, a la que ahora llaman «la madre superiora», pero habrá que reconstruirse utilizando materiales de derribo. El socialismo no puede hundirse aunque naufraguen los socialistas. Hay que vivir para ver cómo sale a flote, aunque el agua nos llegue al pescuezo.