EDITORIAL | Ritmo frenético en el avance de la A-60 para abrir otro tramo en 2018
La ejecución de la solución técnica para salvar los restos arqueológicos del entorno de Lancia permiten visualizar el avance de las obras de la autovía León-Valladolid en el tramo más problemático del proyecto. Esos veinte kilómetros entre el paso sobre el río Porma y Santas Martas son escenario ahora del mayor ritmo de trabajo desde que se paralizaron las obras en 2011, por la exigencia de la Comisión de Patrimonio en relación con la necesidad de preservar esos restos del legado romano. Una plataforma voladiza de casi un kilómetros de longitud y elevada sobre pivotes a cinco metros de altura fue la solución aceptada en su momento «como un mal menor» y que ahora, desde colectivos como Promonumenta, se cuestiona no como tal, sino desde la denuncia más concreta de que «se está destruyendo un porcentaje elevadísimo del yacimiento, afectando a estructuras singulares». Al margen de las consideraciones y el estricto respeto al que, por supuesto, obliga el compromiso de conservación de este yacimiento arqueológico de gran valor, lo cierto es que el avance de los trabajos sobre el trazado de la A-60 sí permite ahora intuir que finalmente se cumplirá el plazo de 2018 fijado por el Ministerio de Fomento para la apertura de esos 20 kilómetros del nuevo vial de extraordinaria importancia —y necesidad— para ordenar las comunicaciones transversales y hacer más seguro el acceso a la capital desde el sur de la provincia. Pero, paradójicamente, este avance muere en el kilómetro 199, sin que se sepa nada en relación con los 90 kilómetros restantes que deben dar continuidad hasta Villanubla, un proyecto que ni siquiera existe como tal, pero que como aspiración continúa estando en absoluta paralización administrativa.