Diario de León
Luis Urdiales
León

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Drogarse está anticuado; ahora se estila hacerse ilusiones. Los chavales renuncian a ser la estrella de fútbol en plan muñeca hinchable que ofrecen los diarios deportivos en las portadas con la fluidez de la heroína que se obsequiaba en los ochenta al tránsito por la juventud, para que fuera vertiginoso, dócil, maleable. Los de hoy quieren resolver a los quince al modo que Pablo Emilio Escobar Gaviria, sin interferencias en el paso, ajustados al guión del lo tomas o lo dejas, que han troquelado para armar desde ese cimiento sus ideales. Plata o plomo, repiten sobre ese héroe de vida y muerte cruel, novelada y mitificada gracias a las nuevas plataformas mediáticas con soportes de acceso inmediato, que permiten recurrir a los mejores capítulos, consultar y refrescar diálogos exactos, igual que se podría repasar el libro de los Salmos para dar gloria a Dios mediante una existencia piadosa y contemplativa. Yo soy Pablo Emilio Escobar Gaviria, mimetizan con fidelidad al actor bigotudo que irrumpe como un fenómeno comunicador, el mejor de todos los tiempos, quizás, después de Jesucristo y de José María García. Plata o plomo es un eslogan que se transmite por el móvil, y al mismo ritmo que el eurogallo de Eurovisión; pero no es para un rato jocoso de twitter en fiebre de sábado noche. Plata o plomo es una posibilidad de subsistencia; otra Última Salida, Brooklyn que se coloca a la puerta del colegio para que los púberes puedan escoger esa oferta de comida rápida que les sacuda de encima la presión del orden, del esfuerzo, de la atención debida al profesor; de sacarse del cogote al acosador de turno, que se empeña en joder la existencia al prójimo ya antes de acabar segundo de la ESO. Podían haber supuesto las consecuencias de la revolución que envolvía la televisión digital, por los contenidos que se pagan sin rechistar porque son objeto de deseo y lujo entre los más jóvenes; no todo se iba a quedar anclado entre el Diviniti y en la causa proletaria que termina con Empeños a lo Bestia. Estamos más cerca de saber qué nos depara este giro de preferencias y valores entre la generación llamada a pagar las pensiones dentro de treinta años. En algún sitio tendrán que colocar la vasta demanda de kalashnikov que ha obligado a abrir el tercer turno en la fábrica de fusiles. Por alguna válvula de escape habrá de evadirse toda la presión de la olla.

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