LA LIEBRE
Cosido a puñaladas
Acostumbrados a que cada vez que se les quedan abiertas dos puertas se les genere una corriente de opinión, los socialistas han decidido coserse a puñaladas desde dentro sin disimulo para ver si lo arreglaban. La escaramuza de las segundas primarias ha terminado en guerra a gran escala con el partido convertido en la consagración de un motín pirata. Todo muy del gusto de la formación, con los vencedores preparados para avanzar sobre los cadáveres de los enemigos que antes fueron amigos y nadie descarta que puedan volver serlo, si hace falta, y los perdedores amarrados al timón por la inercia de la arrogancia con la que quisieron tomar los palacios de invierno. Sin códigos, se discutía cuál debe ser el rumbo de un partido con más de cien años de historia. Entre el ruido de sables, se esperaba hallar la forma de superar el emparedado político en el que ha quedado, entre el centro ocupado por los eslóganes de Ciudadanos, como un anuncio de cerveza del PP sin alcohol, y la izquierda Robespierre de Podemos, entregada a la política ficción para convertir el parlamento en un plató televisivo. Pero el resultado final, vista la resaca de esta semana, deja la sentencia inapelable de para qué han servido los comicios: el PSOE ya no es capaz de ganar unas elecciones, ni siquiera cuando todos los candidatos son suyos. No supimos ver la victoria de Pedro Sánchez porque no leímos bien los mensajes. No supimos entender qué nos adelantaba el leonés Ibán García del Blanco cuando anunció hace semanas que volvía a su trabajo. Ahora, es fácil recordar que no ha tenido otro: presidente de Juventudes Socialistas, concejal del Ayuntamiento de León, diputado provincial, senador por designación directa de las Cortes autonómicas y miembro de la ejecutiva federal por su detalle de dejar el escaño en la Cámara Alta a Óscar López. Con estos antecedentes y su apoyo al nuevo líder, estaba claro que no iba a ganar Susana Díaz, pese a los esfuerzos del aparato en León, condenado, como en toda España, por su distancia y desprecio a las bases. La militancia socialista no apoyó a Sánchez, votó contra el poder establecido, aunque les pueda condenar a la desaparición. No les hubiera sucedido si hubiese hecho caso a Robe Iniesta, el cantante de Extremoduro, grupo referente para entender este país, quien en una entrevista en El Mundo avisó de los riesgos que acarrea dejar las decisiones difíciles en manos de cualquiera: «lo malo de la democracia es que puede votar todo el mundo». Por eso en el PP no les pasan estas cosas.