TRIBUNA
El falso arrepentimiento
Y cometemos errores a cientos, pero no obstante sirven para acrecentar nuestro ego de cara a lo que tenemos más cerca. El arrepentimiento en el ser humano ya ha pasado por las etapas inquisitorias impuestas y estimo, superadas; por lo cual una de las ventajas del mismo es el no tener efectos retroactivos.
Nuestro posible arrepentimiento actual, si actual, del mal o males causados, no es tanto pensar por el mismo realizado como el temor del que pueda más tarde sobrevenirnos; e inclusive nos importa un «comino». ¡Sí!, necesitamos de un algo para evaluar lo referido, y la mente, el pensamiento, son armas poderosas a la par que el tiempo para analizar, funcionar y avanzar en este mundo consumista en el que nos ha tocado vivir. Pero como todo tiene su fin, se nos instaura en el cuerpo la disfunción, el dolor y el arrepentimiento, no ya personal, sino externo, por lo que vemos y vivimos; no perdonamos, no nos arrepentimos y no transigimos por nada, si no va conmigo, con nosotros, no nos importa, llegando inclusive a negar el momento actual, nuestra mente lo bloquea lo rechaza, en un intento de escapar del mismo, con todas las circunstancias citadas. Ahora bien, lo curioso es que aún queriendo escapar de cada instante, momento o circunstancia, lo seguimos teniendo encima, lo desearemos?, es nuestro ego personal e íntimo en el momento presente y lo real es que se esfuma y ni existe, pero lo deseamos de todas las maneras posibles, solamente fundamentándonos en el pasado, que es lo nos marca y dirige para arrepentirnos, ¿o no?, ni lo sabemos. ¿Quien es tan feliz que esté de acuerdo con su situación?, cuanto más feliz es el ser humano, más ávido del deseo de felicidad requiere (siempre he dicho, que la felicidad no existe, solo el deseo de la misma). Fijémonos en los poderosos, políticos, prepotentes en sus riquezas, y observaremos que su felicidad está vacía, por el simple movimiento de su vida, más, más... no existe final para los mismos, dominar a los cercanos aún con más poder y terminar su vida «llena», eso piensan, eso creen; pero vacía al fin. Lo curioso de todo lo dicho, es que aún queriendo escapar de cada instante, unos y otros, no los encontramos delante, encima, por lo dicho, satisfacción de cada yo personal, pero sin la existencia del momento; solo meditamos el pasado, todos, y es lo que nos lleva a planificar el futuro, sin existencia cierta, ya que es el destino sin ser previsible, lo más real. No nos arrepentimos de los pasado o intentamos aislarlo de cara al porvenir y es ahí donde reside el gran error de todos, buscamos respuestas a nuestra vida pasada, indagando a sin mucha fuerza en el presente; ya ni las necesitamos, pasamos por ella sin temor o con sentido consentido, cuando lo real y cierto, es que nuestra mente perfecta y magnífica nos lo puede indicar, pero !ojo¡, el parloteo mental, también produce un desgaste de energía vital propia y la de la colectividad, causante por tanto de los vacios sociales.
En esta era habitada, en este siglo, nos circunscribimos a las formas a las formas que nos imponen, o tal vez a las ya existentes, modeladas al gusto de los prepotentes y arrogantes. negamos la intimidad o nos arrogamos a ella con cierta dosis de misantropía, pero es obvio por lo que vemos, sin relevancia posible, que estamos controlados en nuestras celdas particulares. Hemos pasado de ser proletariado a que nos consideren «precariado». (Z. Bauman, sociólogo, ha matizado el término de forma perfecta), tal vez como indica o critica, que la riqueza de unos pocos, nos beneficia todos???, ¡ni hablar!, sociedad líquida actual y la aceptamos, de que lo debe ser, debe ser; sin tener recursos o destreza precaria, para detenerla. Tal vez el inconveniente reside no obstante, en que el mundo en que habitamos haya ya sido modelado por las decisiones que adoptaron y aplicaron nuestros antepasados, sin coexistencia ni solidaridad expresa, pacífica o amistosa; todo es material ante la presencia de realidades hostiles y ciertamente sin el mínimo de arrepentimiento. En política, nadie, ningún partido posee o puede atribuirse jamás, el monopolio de la verdad, de la misma forma que se aplica a la Ética y a la virtud en general. Yo no somos manejados por los políticos, sino por los que les controlan (hoy, los políticos dictan las normas, pero su ejecución. ya no les compete; es más, no les interesa). Las veinte personas más ricas del mundo, posen en conjunto, los recursos, de los que se podrían valer, más de mil millones de pobres, y curiosamente esa desigualdad tan exorbitante, va creciendo en proporción pareja, menos ricos con más dinero y más pobreza con menos recursos. La desigualdad social se está agravando siguiendo su propia lógica y ritmo. Jamás el enriquecimiento de los ricos, revierte en la sociedad, entendida como base de la pirámide (el precariado ya apuntado), aún existiendo autores (Stiglitz y Dorling) que piensan lo contrario, como si de un dogma socorrido se tratase, mentira intencionada o ceguera moral forzada, Y si de arrepentimiento hablo en el presente artículo, no existe tal, para el poderoso instaurado: esa palabra, desterrada de su diccionario personal, nos está influyendo a todos, al desvincularnos de los problemas ajenos y rasgarnos las vestiduras, cuando somos nosotros mismos la parte afectada. En suma y generalizando, el arrepentimiento general, es y será por mucho tiempo, el remordimiento oportuno y aceptado, el falso arrepentimiento.