cartas al director
¿Somos resolutivos?
M e lo pregunto con frecuencia, ¿qué harían nuestros mayores para valerse por sí mismos? Probablemente no se trate de un problema formativo, pues a ellos —desgraciadamente— les tocó vivir una época más restrictiva en este sentido. Nunca es justo generalizar, pero lo cierto es que cada vez es más sencillo encontrarte con generaciones de jóvenes y no tan jóvenes, que cumplen con dos características. La primera es una mayor vulnerabilidad ante un revés, con un menor umbral de tolerancia a la adversidad. Y la segunda es una mayor dificultad para encontrar soluciones a problemas banales. Así las cosas, el porcentaje de personas que se siente vulnerable ante quehaceres que antes se consideraban intrínsecos a la vida cotidiana y fácilmente soportables y solucionables, es cada vez más elevado. Y todo lo anterior no sólo conlleva a la extensible fácilmente sensación del «yo no soy capaz de superar el próximo reto», sino a la continua solicitud de ayuda para resolver cuestiones que hasta hace bien poco eran consideradas elementales. Quién no ha escuchado aquello de «es que ahora los padres llevan al niño al pediatra por un rasguño», o «no lo saben hacer porque se lo han dado hecho». Vamos a tener que darles nuevamente la razón a todos aquellos que nos enseñaron -allá por la segunda mitad del siglo XX- a buscar y encontrar, a tener inquietudes, a querer saber. Ellos lo llamaban «sacarse las castañas del fuego».
LUIS ALBERTO RODRÍGUEZ ARROYO. SANTO TOMÁS DE LAS OLLAS
Discriminación ¿positiva?
M ientras los ciudadanos de a pie nos defendemos de estos días de calores y bochornos, unos con abanico, otros con piscina y otros como pueden, nuestros políticos no descansan. Seguramente al amparo de un buen aire acondicionado, están redactando un proyecto de ley que se llama algo así como igualdad social de la diversidad sexual y de género, vamos, una ley de protección de homosexuales, transexuales, lesbianas, bisexuales... Es bueno proteger a todos estos colectivos, como a muchos otros. Pero una ideología (la de género que impregna el proyecto de ley) que exija a todo ciudadano que se alinee con sus postulados de manera pública y no permite la discrepancia es una ideología totalitaria; y quienes ofrecen el BOCyL para ello son unos totalitarios. Atentamente.
JESÚS GONZÁLEZ BILBAO. LEÓN