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MARÍA J. MUÑIZ
León

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Papá proclamó el día que cumplió 80 años que había llegado a la edad en la que podía decir todo lo que considerara conveniente, le picase a quien le picase. No fue una manera de hablar, sin perder nunca sus formas ni su bonhomía se libró sin contemplaciones de diplomacias y retruécanos de postureo.

Algo así le pasa al incombustible Aristóbulo de Juan, que fue durante casi una década director del Banco de España y es hoy referente en el mundo financiero internacional. Libre a sus 86 años de servidumbres o presiones, sigue cultivando con una lucidez admirable la coherencia y el sentido crítico con los que se ha ganado el título de ‘conciencia’ de un sector económico y bancario cuya ética tiene el prestigio por los suelos. Un poco más abajo que los de las cláusulas.

En el curso con el que cada año la Asociación de Periodistas de Información Económica inaugura la temporada de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, De Juan ha sido un auténtico soplo de aire fresco. Su libro ‘De buenos banqueros a malos banqueros’ es toda una lección de sentido común y sabiduría, lejos del escorzo con el que se distrae el intento de explicar lo inexplicable. Las rocambolescas justificaciones de la insensatez de muchas las entidades financieras, pero sobre todo de la irresponsabilidad de supervisores y auditores.

Aristóbulo resume en cinco puntos la génesis de las crisis bancarias. «Son mis axiomas, o mis manías, si ustedes lo prefieren». La mala gestión provoca crisis en mayor medida que las causas macroeconómicas; el exceso de liquidez es el opio del banquero, que le hace perder el sentido del riesgo; la transparencia es inexcusable, toda auditoría es inservible si se pretende manipular la realidad, y eso en las cuentas bancarias es sencillo; cuando las cosas empeoran, la tolerancia por parte del regulador es un suicidio. Y, por último, un agujero es un agujero. Y puede no tener fondo, así que es siempre difícil taparlo.

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Las lecciones de quien lleva más de cuatro décadas entregado «al estudio de la patología bancaria» son interminables, y esclarecedoras. Pone el dedo en la llaga. Y lamenta que autoridades y supervisores al final «no quieran líos y sólo busquen quién paga el entierro, cuando lo que hay que evitar es que haya muertos». Escuchando al entorno financiero con mando en plaza, amenazan más funerales. Lástima.