Las primarias que matan
R esulta contraproducente, bastantes veces, ceder el poder a los militantes e ignorar la realidad de los verdaderos apoyos de un partido político que son los votantes. Suele ocurrir cuando se ejercen los más puristas movimientos de elección de representantes. Ni siquiera en la Universidad eran operativas y eficaces las asambleas, pero en esos años jóvenes y soñadores se luchaba por hacer realidad unos ideales que nos colocaban a todos en un bienintencionado plano de igualdad que no duraba más de dos o tres años de carrera, como mucho. Los suficientes para darnos cuenta que el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo, la formación y los principios, entre otros valores, son indispensables para consolidar los valores de solidaridad, justicia, libertad e igualdad, entre otros. La manipulación de las masas es muy antigua y sus resultados han sido catastróficos para millones de personas que sufrieron la pérdida de la libertad, de sus bienes, de su identidad y, en demasiados casos, de sus vidas. Hoy en día, recurrir a los militantes de un partido político para tomar decisiones trascendentales significa condenar al partido a una elevada posibilidad de error. Por supuesto que ir en contra de la corriente de primarias no es sencillo, pero olvidar los logros alcanzados durante los últimos años por la democracia representativa es un lujo que muchos acabarán pagando directamente en sus partidos, y todos en general por la influencia que va a tener en todo el país. No se trata de sectarismo político, de ninguna manera, España, o cualquier otro país necesita de un partido serio y solvente como alternativa de poder y debe ser dirigido por personas capaces, formadas, experimentadas o con condiciones de futuro indudables. Decisiones y nefasta gestión de gobierno que condiciona cualquier etapa posterior, al menos, durante un tiempo. Acabo de mencionar a los votantes, aquí está la clave de un partido político que pretenda una supervivencia más o menos larga y provechosa. Son ellos los que facilitan representantes públicos a los partidos con el consiguiente peso político y también el imprescindible sostén económico. Utilizar solo a los militantes para elegir al máximo dirigente del partido con elementos ideológicos sectarios, el resultado es lo que ha ocurrido con el partido socialista en Francia. Por desgracia, el partido socialista español, me temo que lleva el mismo camino.