cartas al director
c Luis Alberto Rodríguez Arroyo escribe con el título ‘Gracias, Liu Xiaobo’: «Una ausencia siempre duele. Y más si es obligada. Y más que si es obligada, si es impuesta. Porque lo primero conlleva en ocasiones cierta relación con las responsabilidades propias, pero lo segundo siempre está exento de voluntariedad.
Las líneas rectas es lo que tienen, que en ocasiones cursan paralelas al resto, sin nunca tocarse, ni tan siquiera sugerirse. Pero cuando se cruzan con otra —también recta— las más de las veces suelen hacerlo de forma perpendicular y frontal. Sólo en el mejor de los casos lo hacen angularmente. Pero cualquier ángulo, por poco agudo que sea, exige una compenetración entre ambas rectas.
Me resisto a pensar que las líneas del Gobierno chino son curvas, que esconden en sus cunetas subterfugios impropios de nuestro tiempo. Pues a todas luces se conoce que salvo su apertura a la economía capitalista, las directrices chinas son tan rectas como lo fueron siempre. También se sabe que Liu Xiaobo nunca permitió que retorcieran su pensamiento, ni su ética, ni su libertad. Su línea y la de su Gobierno se cruzaron, sí, y lo hicieron explosivamente en la Carta 08. Allí Liu pedía democracia.
Y lo hacía por él y por los millones de chinos cuyas rectas personales a diario se ven truncadas. China optó porque la silla con el Premio Nobel de la Paz de 2010 pareciera desocupada, pero el pensamiento de Liu Xiaobo se sentó en ella y lo hice para siempre, pese a quien le pese».