Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Ah, el verano y sus ardores. El otro día leí en este periódico un titular que me hizo dar un respingo: «¿Cómo son los leoneses en la cama?». Y la fotografía que acompañaba al reportaje, dos respingos y medio: una fila de penes de goma, de distintos colores. Como no conozco al firmante, Gonzalez González, supuse que es un colega becario. Todos en nuestros inicios profesionales hemos sido un poco gores. A mí el periódico me mandó en 1987, ya en plantilla, a probar la pócima del amor, en compañía del compañero Javier Tascón, y la experiencia me dio para dos reportajes y dos columnas. En cambio, los retortijones me duraron un año. Y cuando va a cambiar el tiempo aún siento un cierto cosquilleo. Recuerdo también que hice una sección titulada «Doce cuadros sin piedad», en la que comentaba cada semana un obra, reproducida a color. Cuando le tocó el turno a Lucien Freud, elegí un desnudo frontal de un hombre dormido. Obra maestra rotunda, en la que nada queda a la imaginación. Pero nunca hasta entonces se había publicado en el periódico una imagen así de explícita y al tamaño que iba a ser reproducida, cuando este periódico tenía el formato tabloide. Le dije a Susana Vergara, que coordinaba el suplemento: «¿No será excesivo?» Pero no pasó nada. Si hubo desmayos, no constan. Lo que ya no recuerdo es si era verano. En esta clase de soponcios visuales el abanico ayuda mucho.

Dicho reportaje sobre el sexo de los leoneses, realizado con información facilitada por el único sex shop que permanece abierto en esta ciudad, empieza con un testimonio cazurro: «Los leoneses somos muy caserines, yo por lo menos, mejor en casa con el calcetín que en la calle pasando frío». En la cama y con calcetines, en este país solo ha seducido Julio Iglesias. Ahora, tendría que ponerse además zapatillas. Y tener cerca un fontanero. Las cañerías no perdonan, ni siquiera a los galones maduros.

Uno intuye que aquí casi todos preferimos el frío llevadero al calor que aplatana, aunque en esto también ha de influir la edad de cada cual. Y lo que queda. El otoño político se prevé muy caliente, sobre todo pero para quienes tienen muchas papeletas para pasarlo a la sombra. Casi dan ganas, ay, de que llegue octubre.

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