Más que palabras
E n las últimas 48 horas otras dos mujeres han sido brutalmente asesinadas en nuestro país a manos de sus parejas, con lo que la cifra negra de la vergüenza en lo que va de año asciende a 37. La única novedad es que estos hechos se producen después de que nuestros políticos se hayan puesto de acuerdo ¡por fin! para dar luz verde a un gran pacto contra la,violencia machista que incluye cerca de doscientas medidas para hacer frente a este nuevo tipo de terrorismo.
El pacto contempla la creación de protocolos en la atención primaria sanitaria y en las urgencias para que los médicos contribuyan a detectar a posibles víctimas cuando se produzcan los primeros abusos. Sin embargo la detección, en ocasiones, no es suficiente o al menos no lo ha sido para esa pequeña de cuatro años que ha muerto tras recibir una brutal paliza y con signos de abusos sexuales, después de que los médicos que la atendieron por otra paliza denunciaran el tema.
¿Qué clase de monstruo despiadado puede cortar de cuajo la vida y la infancia de un ser inocente?, y ¿qué clase de madre puede no hacer nada frente a un hecho así? nos preguntamos ahora, pero además en este caso han fallado todos los protocolos, y de haber funcionado las alarmas en su ciudad y también entre los vecinos, tal vez la pequeña ahora estaría a salvo. Por eso es importante esa modificación anunciada de la ley de régimen local para que los Ayuntamientos recuperen las competencias en promoción de la igualdad entre mujeres y hombres y en materia de violencia de género y se creen además unidades de apoyo local interdisciplinares para acompañar, ayudar y proteger a las victimas.
Este año, 2017 se esta convirtiendo en el más sangriento en violencia machista desde que existen estas estadísticas y como he comentado en alguna ocasión, las cifras de esta nueva forma de terrorismo reflejan una realidad evidente que las mujeres siguen muriendo a palos en la intimidad del hogar, son acuchilladas en plena calle, ahogadas e incluso quemadas vivas, mientras nosotros seguimos entretenidos en el debate de si este tipo de hechos tiene un efecto dominó, de imitación o si debemos dar eco informativo o no este tipo de crímenes. Lo importante no es eso sino ¿por qué?. ¿Qué pasa para las cosas sigan igual incluso peor? Hemos hecho leyes, formado a jueces y policías especializados en este tipo de delitos, roto silencios y miedos, pero algo estamos haciendo mal para que los agresores sigan campando a sus anchas y repitiendo estereotipos de siempre. Y lo peor de todo es que cada día las víctimas son más jóvenes y la impotencia cada vez mayor. Sabemos detectar los síntomas porque los parámetros son idénticos: primero los insultos, luego un empujón, la bofetada, la humillación, el ir minando poco a poco la autoestima, la amenaza con llevarse a los hijos... el infierno en la intimidad y la soledad del hogar.