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el mirador manuel alcántara
León

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L a CUP se dispone a no acudir a la manifestación de repulsa encabezada por Felipe VI el próximo sábado. No irán si va el Rey o el Gobierno. Tampoco fueron a la misa por la paz en la Sagrada Familia, presidida por los Reyes, a la que asistieron Mariano Rajoy y Carles Puigdemont. La diputada independentista Mireia Boya ha dicho que «si esa gente» encabeza la manifestación, que no cuenten con ella.

Le reprocha al Rey sus vínculos de amistad y económicos con monarquías como las de Catar o los Emiratos Arabes, que a su escaso juicio, dan armas al Estado Islámico, que Alá confunda. Las guerras de religión no acaban nunca aunque encubran su nombre y las llamamos de otra manera. «El Rey no es bienvenido para nosotros», se repite una y otra vez en Catalunya Radio. El separatismo es una enfermedad contagiosa y ahora se trata de distinguir a los muertos españoles de los catalanes que nacieron en esa parte de España. Los pésames están condicionados por las banderas.

El islamismo nos ha declarado la guerra y hasta ahora la llevamos perdida mientras la Policía investiga las conexiones internacionales del imán de Ripoll, precisamente cuando empieza el campeonato de Liga y tenemos la oportunidad de cambiar de conversación.

Parece que los yihadistas de Alcanar plagiaron el patrón del 11-M. No se les ocurre nada nuevo ni a ellos para asesinar inocentes, ni a nosotros para defendernos. Los comandos estaban bien organizados, con bases logísticas y vínculos familiares. La llamada ‘madre de Satán’ es muy prolífica y el consejero de la Generalitat, Joaquim Forn, se ha especializado en distinguir entre víctimas catalanas y de «nacionalidad española».

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Los muertos, que ya pasaron a la indiferencia, tienen que ocuparse de enterrar a los suyos, no a los demás, porque todavía no ha llegado la hora del balance.