OPINIÓN
EDITORIAL: Un esperpento en Cataluña que pone en claro las cosas en la política española
La Democracia es un sistema político que se afianza en unos pilares que deben ser inquebrantables. El respeto escrupuloso a los derechos de todos y la garantía de las libertades exige el establecimiento de una fórmula de organización en la que es imprescindible el cumplimiento de la leyes que nos damos a través de los representantes elegidos en las urnas con unos procedimientos transparentes.
Pero la búsqueda de atajos o de disculpas para violentar este sistema, que al menos hasta el momento se ha probado sobradamente como el mejor para las personas, ha sido constante en el tiempo. Respetar el Estado de Derecho es la primera garantía para que las libertades se hagan efectivas, para que no todo quede en manos del arbitrio de los que intentan imponernos su voluntad sin aceptar las reglas de juego.
Lo ocurrido estos días en Cataluña no debe quedar impune. El daño es demasiado grave y las falacias empleadas como disculpas para intentar violentar la ley y la Constitución precisan de esa respuesta de las instituciones del Estado que ya se ha puesto en marcha. La postura de los distintos partidos también ha quedado clara, y como en tantas ocasiones en la historia democrática española se percibe con claridad los que dan la cara y hacen frente a los que intentan quebrar la convivencia, y los que se escudan en medias verdades, actitudes tibias y disculpas maquiavélicas para desviar el foco del verdadero problema que afrontamos.