cuerpo a tierra
Peatonalización
Los españoles estamos tan acostumbrados a la adversidad, que hemos hecho de la improvisación un método. Y la improvisación es imprevisible. En los deportes que exigen tenacidad y dan poco juego para introducir variables inesperadas, no destacamos ni con la ayuda de las becas COI. Ahora, póngale a un hijo de Iberia un reto y denle un poco de libertad de ejecución, sin ataduras estratégicas ni compromisos tácticos, y verá cómo termina campeón de aquello que se proponga. Si con un entrenador que era un padrazo ganamos el mundial de fútbol, qué más demostración se necesita. Si no hemos seguido acumulando trofeos seguramente es por aquello que tan bien vio Max Aub: «El español se cansa pronto de lo que tiene». No somos precisamente constantes en nuestras pasiones, acaso con la excepción de que sean gastronómicas.
Sin embargo, improvisar sobre la improvisación no es la improvisación al cuadrado sino el mejor camino para llegar sin atajos a la chapuza. Siento dejar el asunto siempre algo saturado de los deportes para bajar a la arena de nuestra realidad más cercana, aunque sea como metáfora. Y es que yo voy a peatonalizar el pasillo de mi casa muy pronto, eliminando estorbos como las pilas de libros que se me acumulan y los cartones que no conviene tirar hasta que sea anciana la impresora que adquirimos hace un lustro, pero mi socia de gobierno no me lo permite, no viene a cuento traer ahora aquí sus volubles razones. Entonces, como uno ya estaba hecho a la idea de dedicar una jornada a dichos menesteres, y además tenía consignado un café a media tarde como merecido descanso obrero, decido no eliminar obstáculos sino añadir unos pocos con pretensiones estéticas y, ya que estamos, ensanchar los rodapiés para mejorar la circulación del triciclo que no se separa de mi sobrino cuando viene de visita y las carreras de los gatos.
¿No he sido, acaso, creativo? ¿No he sido capaz de darle la vuelta del revés al guante, haciendo de una adversidad un beneficio y de la necesidad, virtud? Iba a peatonalizar, pero, como no me lo consintieron, he optado por mejorar el tráfico de mi pasillo, que, aunque sea exactamente lo contrario de lo que me proponía, también tiene mérito. Y, además, ahora todo luce mucho más bonito, hasta los estorbos. Casi son fotogénicos. Pues todo eso se lo debemos a la improvisación.