Con mamá o con papá...
U n año después de abandonar el partido, el que fuera procurador por Palencia y portavoz adjunto del grupo socialista en las Cortes, Julio López, ha novelado su traumática peripecia política. Bajo el título «Con mamá o con papá», el autor describe con nombres figurados las fratricidas luchas internas libradas en el PSOE de Castilla y León, una guerra sin cuartel entre bandos irreconciliables de resultas de la cual él terminó por ser víctima propiciatoria.
A decir verdad, el político palentino, muy próximo a Julio Vilarrubia, había conseguido sobrevivir a la derrota de éste frente a Luis Tudanca en las primarias celebradas en 2014, conservando inicialmente sus puestos en la Ejecutiva Autonómica y en las Cortes, este último generosamente remunerado. Pero ello era producto de un pacto que saltó por los aires el mismo día del cónclave socialista, cuando, comprobadas las votaciones, el nuevo secretario autonómico se sintió traicionado por su antecesor. Y el pagano de la presunta deslealtad fue López, relevado de su portavocía parlamentaria de forma tan fulminante como lo ha sido el pasado verano el leonés Tino Rodríguez.
El «con mamá o con papá», expresión de las intrigas internas que suelen degenerar en luchas intestinas, es consustancial a todos los partidos, ya se titulen de izquierdas o de derechas o de quimérico centro, ya se trate de formaciones de centenaria trayectoria o de nuevo cuño. Se da en todos sin excepción, si bien unos son mas dados a las rencillas mantenidas de forma soterrada y otros no se cortan en protagonizar reyertas públicas a plena luz del día.
En los próximos días se cumple un año de aquel borrascoso Comité Federal del PSOE y, aunque los ánimos se manifiestan calmados, el mar de fondo permanece. El hacha de guerra está enfundada, que no enterrada, como bien se ha visto en la votación del Congreso en la que la diputada vallisoletana Soraya Rodríguez, susanista de pro, rompió la disciplina de voto y no secundó el «no» impuesto por Pedro Sánchez a la proposición de Ciudadanos sobre Cataluña.
En Castilla y León, tras la derrota de Susana Díaz, el susanismo se diluyó como bloque y no presentó batalla a Tudanca en el pasado congreso autonómico. Pero han llegado los congresos provinciales y, salvo en Burgos y Soria, han reaparecido los inevitables bandos internos enfrentados por el control del partido. En Palencia, donde ya se ha dirimido la contienda, la susanista Miriam Andrés ha conseguido repetir en la secretaria provincial. Y a expensas de lo que depare el avispero socialista leonés, en Zamora, Salamanca, Valladolid, Ávila y Segovia la militancia está emplazada en octubre al consabido dilema de elegir entre mamá o papá.