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León

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Catalanidad empobrecida

C uando se llega a la política no aprendido suceden disparates sin nombre como el ocurrido durante dos años en la política española por mor del odio histórico catalán revivido contra el Estado español sin mayor razón que el autoelogio y ego subido en exceso con que se hacen notar diferentes de «los del exterior» que apodan ellos tan orgullosos. Bajo el paraguas de la Constitución hemos vivido 40 años felices y en paz como no se ha conocido en la existencia de esta nación.

Ha habido altibajos históricos, difíciles de olvidar: el golpe del 23-F, el drama trágico demasiado prolongado de ETA o los sufrimientos acumulados en el atentado de 2004.

Trastornos los hay en toda persona cuánto más en una colectividad de tantos millones de habitantes repartidos en 17 colectivos singulares y específicos. No es menos doloroso el procés , otra vez los catalanes, protagonistas de su propia historia contra la nación española repetidamente. Pero esta vez se ha dicho basta. A tiempo estuvieron de haberse negado al voto en su día. También en esto desgraciadamente se cumple el apodo: ‘Spain is different’. ¿No se inventaría el dicho por Cataluña?

Hay que agradecer una vez más el talante negociador ofrecido estos años por el presidente del Gobierno, con sendos engaños o rechazos por parte de los gerentes de la catalanidad, insumisos, desobedientes como no se conocía e ilegales contra el Estado de Derecho y la la Constitución aprobada por todos los españoles hace cuarenta años con idéntico «derecho a decidir» todos a una.

Feliz aniversario celebrado y de qué manera tan sufriente y nada exitosa. Un solemne fracaso el comportamiento de una parte de catalanes de los buenos «los de dentro» algunos los más osados y altaneros enfervorecidos altaneros exponiendo su odio a la madre España que les parió así de rebeldes desde sus orígenes belicosos.

Esta vez su enfrentamiento está siendo más prolongado y combativo que otras dejando aflorar sus sentimientos de odio, contra «los de fuera», que ya se sabe a quienes apellidan despectivamente con centro en la capital de España: el símbolo más señero al que no han logrado desbancar del podio del futbol, ocupado largos años por el adversario.

Hasta ahí llegan el grupo minoritario de insolentes estelada en mano, una actividad que debía estar por encima del rencor, con amigable y feliz pasatiempo sin quema de banderas e imágenes de reyes y personajes ilustres. Y para ilustres la élite de catalanes defensores de los colores deportivos nacionales de la gran Cataluña que se bate por y contra España.

Algunos que tan tarde se han mostrado claramente en defensa de la Constitución embobados a distancia con su eslogan de los apuros para reformarla, que después de los vaivenes vividos inolvidables sería razonable no rozarla nuclearmente para hacer caso a quienes han adelantado de antemano ser preciso no tocarla en reformas importantes diciendo que todavía da para mucho. No hace falta ser crédulo para reconocer las toneladas de odio y fanatismo que se han vivido.

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Ángel Carvajal. leóN