León

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Uno tiene por norma sólo escribir groserías cuando lo exige el guión, como ciertas actrices de la Transición sólo se desnudaban si lo exigía el mismo, pongamos que por ser atacadas en la ducha por vampiro. Las señoras despampanantes no se duchan vestidas, ni antes ni ahora. El guión de la actualidad me exige reproducir una ordinariez de Pilar Rahola. Otra. Pido disculpas. La polemista catalana es capaz de sobreactuar en un plató más que María Patiño, pero también en Twitter. Ha mandado a Alfonso Guerra «a cagar la vía». No ha concretado a cuál. Y todo porque ha reclamado aplicar a la Generalitat el artículo 155, ante el golpe de Estado que Puigdemont y sus menganos pretenden dar, si es que no lo han dado ya. Hay algo tan irritante como el fanatismo de Rahola, la irresponsabilidad de esas tertulias que llevan años pagando sus verborreas separatistas, bajo la excusa de la pluralidad política, en la que ella no cree (ahora ha emprendido cruzada contra Serrat, por haberse mostrado contrario al referendo ilegal). ¿Diálogo con el separatismo? Que la Generalitat libere antes a la Constitución, a la que mantiene secuestrada. Y depende de sobre lo que se pretenda dialogar. Pueden caber todos los ruegos y preguntas, pero no los repartos salomónicos de agravios. Sería injusto y restaría credibilidad al Estado.

Lo de la señora con los cinco dedos rotos por el salvajismo policial se ha demostrado tan tongazo como la cabra parlante del mago Pepini. Algo similar puede decirse de casi todos los más de 800 heridos. Ni siquiera se han agotado las tiritas. Cualquier minero leonés curtido en movilizaciones ha vivido situaciones con mayores zarandeos. Otra cuestión, y muy preocupante, es lo que pueda suceder a partir de ahora. Los del colchón ya tienen reservada en Suiza una suite. Es más, es posible que el establecimiento sea suyo.

Muchos creemos que del matrimonio entre burguesía y antisistemas no puede nacer más que el caos, también que Trapero no es un servidor de la ley sino el mayordomo del independentismo. Y si por creerlo nos manda la histriónica polemista a acompañar a Guerra en su intestinal misión... vale, concrete algo más. Pues tan vía es la calle en la que doña Pilar vive como la del tren.

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