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Alfonso Fernández Pacios Alcalde de Carucedo
León

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E s de noche, y una niebla difumina las imágenes que nos aterrorizan. Tenemos el fuego cerca de las casas. Los vecinos del pueblo no ocultan su desesperación, están estupefactos y con un sentimiento de desprotección ante esta maldad inminente que nos atenaza. Ven acierto en las brigadas forestales que rápidamente han atajado los incendios acontecidos, pero también aprecian el fracaso en cuanto a la vigilancia y protección de este Espacio Natural y Cultural. Antaño se cuidaba por los propios vecinos, los mismos que gestionaban y limpiaban los montes, pero ahora hay otros entes o instituciones que se encargan de este cometido.

Las Médulas, este escaparate turístico de nuestra comarca y de nuestra región, han sido y son objetivo claro de malignas intenciones en estos últimos años, sin saber a ciencia cierta los motivos y sin poder atrapar al culpable. Una mente perversa que nos trae en jaque. Es necesario quitar esa impunidad al pirómano, evitar que se pasee por esta tierra con total arrogancia y dar un castigo ejemplar que se ha ganado a pulso. Es de justicia social. Un fuego nunca se sabe a dónde puede llegar, y hasta el presente no se han producido desgracias humanas, aunque las ambientales ya son irrecuperables. Pero a diario se oyen noticias de desastres humanos a causa de fuegos forestales, y los vecinos son conscientes de ello.

Las consecuencias de este «objetivo de quemar el paraje» es dañar el paisaje, el Patrimonio de la Humanidad, pero también a los vecinos y al municipio, a los que vivimos y hemos vivido día a día en esta tierra. Muchas generaciones se han mantenido a costa de los productos de nuestro terruño, de estos castaños centenarios que nos dejaron nuestros abuelos, y que ahora no podemos dejar a nuestros hijos. Castaños que han sido nuestro sustento y que aún lo siguen siendo para algunas familias. ¿Qué sería de los picachos de Las Médulas sin sus castaños? Muchos visitantes acuden a ver el paraje en función del color de su floresta, ahora en otoño tan sorprendente. Un atardecer como el de hoy era una invitación a la admiración de la naturaleza, que se enturbia por el fuego al amparo de mismo.

En Las Médulas necesitamos una atención especial, inversiones y un manejo o gestión del territorio acorde a la importancia de este paraje tan extraordinario y exclusivo. Al parecer, más reconocido para el resto del mundo que para los de este país nuestro. No creo que sea pedir desaseado, ni siquiera que nos otorguen ningún tipo de privilegio por esta petición. Indudablemente que todos deberíamos ser iguales en este país, pero aquí tenemos un riesgo notorio y este municipio aporta un valor añadido a esta sociedad que nos rodea. Es necesario cuanto menos una brigada de limpieza y vigilancia permanente en la zona.

Seguro que otros municipios piensan los mismo. Muchos ayuntamientos estamos con problemas similares. No lo dudo. Necesitamos unas brigadas de limpieza y protección permanentes, repito. No es mucho pedir. Y hay mucho que hacer. En cualquier conato de incendio se ha gastado más de lo que se precisaría para esa labor tan necesaria. Ante todo, en zonas de mayor riesgo. Aunque ya vemos que hay riesgo en todos sitios.

Nos vemos desanimados. Hemos dispuesto de algunos trabajadores en limpieza de sendas y desbroces, también en vigilancia, desplazándolos de otros cometidos, pero es insuficiente. Si nuestro ayuntamiento dispusiese de competencia y presupuesto ya lo habríamos abordado. Los vecinos entienden que es nuestra responsabilidad, somos la institución más cercana, y el consistorio está para darles una respuesta al ciudadano, en la calle, cara a cara, pero en esto no podemos… y nos gustaría. Claro que nos gustaría.

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Creemos que esa es nuestra labor, dar protección, ayudar y dar solución a los problemas cotidianos de nuestras gentes, dar respuesta a esa primera necesidad de nuestros pueblos.