TRIBUNA

¿Por qué se tarda en algo que debería ser muy rápido?

Publicado por
JOSÉ MARÍA PRIETO SERRA ESCRITOR Y EXPERTO en márketing y comunicación
León

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D icen los más viejos con su reconocida sabiduría que el tiempo todo lo calma. Puede ser cierto pero cuando un tema, como el que está viviendo nuestra España en las últimas semanas con el cambalache catalán, tarda tanto en resolverse, teniendo la razón de parte del que tiene que resolver, se corre el riesgo de que el tema se enquiste. Personalmente es lo que creo que está ocurriendo con la querida Cataluña.

También dicen los expertos en tácticas militares, que cuando se persigue la conquista de algo, siempre en términos militares pero también en los comerciales y también en la vida misma, el efecto sorpresa es importantísimo para alcanzar la victoria final.

Pues tampoco es el caso para solucionar lo que nos ocupa. Diría el castizo que somos más lentos que el caballo del malo. Cierto otra vez.

Nuestro presidente del Gobierno, el sr. Rajoy se ha aliado con la lentitud para actuar, la templanza para evaluar las situaciones y la retranca para salir airoso casi siempre. Pero el tema sigue sin resolverse. Estoy escribiendo este artículo cuando ya Europa, sus líderes, se han aliado de forma general a las tesis de Rajoy. Han pedido unidad alrededor de Rajoy, han rechazado los propósitos de los independentistas catalanes. Dentro de nuestro país los partidos constitucionalistas y no digamos el ciudadano español saben qué dirección deben tomar.

El Sr Rajoy, sus asesores, su gobierno, han decidido, por fin, poner en marcha el manoseado y no bien entendido artículo 155.

Está claro que al presidente Rajoy le gustan, y parece que no le va mal, las cosas con calma, pensadas, y la no precipitación, pero todo tiene un límite y parece que el reservado para esta situación ha la rebasado ese límite.

Gobiernos europeos, se han solidarizado con las tesis de nuestro Gobierno; calma, diálogo, pactos, entendimiento, en definitiva, pero todo dentro de la ley y de la Constitución. No tenemos que ser más papistas que el papa. Ahora sí, ahora no. Y está bien.

En los pasados premios Princesa de Asturias, el rey, volvió a dejar las cosas claras. El que no las entienda es por que no quiere. Y lo hizo delante de una representación europea de primera línea. Esa representación apoyó las palabras del rey de forma unánime. ¿Hace falta algo más? Para algunos, parece que sí.

Estamos llegando al final de este proceso. La ciudadanía española, la economía española, el turismo español, la industria española, etc., etc., no se merecen esto. Lo están encarando, lo van a solucionar pero no se merecen esto.

¿Hablamos de los niños? ¿Quién les devuelve la verdadera historia de España? ¿Qué hacemos con los que transforman, ríos, montañas, ciudades y no se cuantas cosas más en algo catalán y lo publican los libros de estudio, cuando no es verdad? ¿Y los papás de los niños que quieren que sus hijos estudien en español? Qué respondan los aragoneses, por ejemplo. ¿Y cuando decían España nos roba? ¿Qué credibilidad puede tener esa gente?

Todo esto es como una pesadilla de la que son protagonistas algunos catalanes, no todos los catalanes, algunos, que, además, son minoría. Es muy grande el pueblo español. Va a ganar esta situación y las aguas, seguro, volverán a su cauce. Nos va a llevar tiempo, pero se va a ganar. No está equivocada toda esa gente a nivel internacional que apoyan la postura española, no lo están. Y no digo nada de nosotros los españoles. Teníamos ganas de salir a la calle con la bandera nacional y ya lo hemos hecho. Las cosas ahora, digo yo, son distintas. Lo digo yo y lo ve todo el mundo. Y eso hará que las cosas, desde ya, serán distintas. Y lo serán más con el tiempo. No hay otra. De todas formas la gente pide más celeridad para estos asuntos. Claro que con Rajoy…

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Bien es cierto que de las declaraciones de ese intelectual internacionalmente reconocido llamado Pepe Guardiola, hablaremos otro día. No protestaba cuando jugaba en la selección española de fútbol, a la que ahora prácticamente ignora. Debía ser por el dinero… vamos digo yo.