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Máximo CAYÓN DIÉGUEZ Cronista Oficial de la ciudad de León
León

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E l 28 de agosto de 1471, en la batalla de Arcila, el monarca portugués Alfonso V, el Africano, hermano de Juana de Avís, segunda esposa de Enrique IV, tomaba Tánger. La victoria del rey lusitano trajo consigo el feliz hallazgo de una tumba, en cuya lápida se leía una inscripción, la misma, precisamente, que ampara y justifica los renglones que vienen a continuación: «Marcellus, mártir legionensis».

Este hecho hizo posible la recuperación de los restos mortales de San Marcelo, patrón de la ciudad de León, que el 29 de octubre del año 298, en la subprefectura de la referida ciudad mauritana había sido ejecutado, después de un rápido proceso, iniciado apenas dos meses antes, como consecuencia de su encendida y pública defensa de la fe cristiana. El patrón legionense realizó esta declaración ante las altas magistraturas romanas, emplazadas en la tribuna situada en el lugar donde hoy se alza la iglesia erigida en su memoria, en el transcurso de las fiestas conmemorativas de los natalicios de los emperadores Diocleciano y Maximiano, muy cerca de la antigua «porta principalis dextra», (puerta principal derecha), es decir, de la Puerta Cauriense, ubicada al comienzo de la actual calle Ancha, acceso que conducía a Coria, por el Camino de la Plata, y así conocida al menos desde el año 950. Era el 21 de julio del citado 298.

San Marcelo estaba casado con Santa Nonia. Fueron padres de doce hijos: Claudio, Lupercio, Victorico, Facundo, Primitivo, Emeterio, Celedonio, Servando, Germán, Fausto, Januario y Marcial. Los tres primeros, Claudio, Lupercio y Victorico, son los más conocidos en la vida local, martirizados y sepultados después en el mismo término donde más tarde se edificó el desaparecido monasterio benedictino de San Claudio. Para complacencia de espíritus curiosos, reseñaré que de la señalada fecundidad de San Marciel, dicho a la vieja usanza, se hace eco hiperbólicamente Gabriel Miró en su novela El obispo leproso, [Parte IV, cap. III], cuando pone en boca de D. Magín, secretario del obispo de Oleza, transunto literario de Orihuela, estas afirmaciones: «Sí, señora, como San Marcelo, que tuvo doce hijos, y de ellos, siete, según dicen, se los dio su santa mujer de un solo parto». Como recordará el lector, en Orihuela nacieron el poeta Miguel Hernández y el don Luis Almarcha, obispo de León entre 1944 y 1970.

A raíz del referido descubrimiento acontecido en Tánger, el rey Fernando el Católico, el Cabildo Catedralicio y el Concejo leonés aunaron esfuerzos y voluntades con un loable empeño: la recuperación y traslado a nuestra ciudad de los restos del Santo Legionario, que llegaron a esta antigua Urbe Regia el 29 de marzo de 1493, Sábado Santo. Depositados en la anterior iglesia del siglo XII, puesta bajo la advocación del Santo Centurión, se custodian hoy en el templo actual, de estilo herreriano, obra de Baltasar Gutiérrez y de Juan de Ribero Rada, arquitectos de la Catedral y del Palacio de la Poridad, respectivamente. El recinto sagrado fue bendecido por Gregorio de la Pedrosa, prelado legionense, el 10 de marzo de 1628.

La imagen de San Marcelo, que luce indumentaria del siglo XVII, se venera en el altar mayor de la indicada iglesia. Es autoría de Gregorio Fernández. Policromada por Diego Valentín Díaz, éste realizó, en 1631, el transporte de la talla de Valladolid hasta nuestra ciudad. Encargo del regidor leonés Ramiro Díaz al famoso imaginero, el contrato se suscribió el 19 de febrero de 1628. La efigie está escoltada por las tallas de su esposa y de sus doce hijos. Datan de 1722. Son obra de Santiago Velasco. Un arca de plata, situada debajo del altar mayor, preserva las reliquias del mártir y patrono. Realizada en 1627, su autor fue el platero leonés Hernando de Argüello.

Cada 29 de octubre, festividad de San Marcelo, tal como lo determina el Marqués de Fuente Oyuelo, en el capítulo XXX de las Políticas Ceremonias , obra fechada en 1693, el Ayuntamiento de León, en unión del Cabildo Catedralicio, al que va a buscar a la S. I. Catedral, asiste a la solemne eucaristía que se celebra en la «iglesia parroquial de este glorioso Santo, que goza su inestimable cuerpo, y allí se dice la misa con toda solemnidad, y la Ciudad se sienta con el Cabildo en la misma forma que va dicho en los días de sermones y letanías». La veneración de las reliquias de San Marcelo sirve siempre de término a este ceremonial.

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Puesto marco histórico a la figura de San Marcelo, que, en el pleno municipal celebrado el 25 de enero de 1983, el Corregimiento legionense acordó nombrar patrono de la Policía Municipal de León, antes de dar por concluida esta visión simplificadora, en estos días de evidentes resonancias patronales, debe recordarse que San Marcelo es el patrón de la ciudad y San Froilán es el de la diócesis. Bien sé que se ha dicho muchas veces. Pero conviene repetirlo. Es un modo de evitar equívocos y confusiones. Y es que, si se me permite la licencia, cada uno de ellos tiene su propia cotización en la bolsa de las conmemoraciones.